Los medicamentos ante las nuevas realidades económicas
(1997; 272 páginas) [English]
Table of Contents
View the documentNOTA SOBRE LOS AUTORES
View the documentPRESENTACIÓN
View the documentPRÓLOGO
View the documentGLOSARIO
Open this folder and view contentsI. EL ENTORNO ECONOMICO GLOBAL
Open this folder and view contentsII. LA REFORMA DE LOS SISTEMAS DE SALUD
Close this folderIII. LAS TRANSFORMACIONES DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
Open this folder and view contentsIII.1. La nueva estructura de la Industria farmacéutica, por Frederic M. Scherer
Open this folder and view contentsIII.2. La innovación y la regulación del mercado farmacéutico, por Claude Le Pen
Close this folderIII.3. Crecimiento y cambio en los mercados de medicamentos genéricos, por Dr. M. N. Graham Dukes
View the document1. INTRODUCCIÓN
View the document2. LA INDUSTRIA BASADA EN LA INVESTIGACIÓN SE ENFRENTA A LOS GENÉRICOS
View the document3. ALGUNAS CIFRAS PARA LOS PAÍSES OCCIDENTALES
View the document4. ALGUNAS CIFRAS PARA LOS PAÍSES NUEVOS Y EN VÍAS DE DESARROLLO
View the document5. LAS TENDENCIAS EN LA PRODUCCIÓN DE GENÉRICOS
View the document6. LA PROTECCIÓN DE LA INVESTIGACIÓN
View the document7. LOS GENÉRICOS HACIA EL AÑO 2000
View the documentBIBLIOGRAFÍA
Open this folder and view contentsIV. SINTESIS Y PREVISIONES
View the documentBIBLIOTECA CIVITAS ECONOMÍA Y EMPRESA - COLECCIÓN ECONOMÍA - SERIE TRATADOS Y MANUALES
View the documentCUBIERTA POSTERIOR
 

2. LA INDUSTRIA BASADA EN LA INVESTIGACIÓN SE ENFRENTA A LOS GENÉRICOS

A mediados de los años ochenta, la industria de investigación estaba tomando nota muy rápidamente del cambio que se estaba produciendo. La amenaza dirigida hacia sus mercados nacionales en occidente fue sin duda el primer acontecimiento que suscitó una reacción. La reacción inicial se puede decir que fue tanto defensiva como destructiva. La cuestión era que los genéricos eran medicamentos baratos, malos, poco fiables y generalmente caducados (KANJI et al., 1992; CHODOS, 1980). Los gobiernos, los fondos sanitarios y los médicos que exponían a los pacientes a tales productos, los estaban sometiendo a riesgos peligrosos. Un artículo publicado en esta época en The Economist de Londres, claramente inspirado por las opiniones de los fabricantes de especialidades, venía ilustrado inevitablemente por la foto del cobertizo de chapa ondulada. Las campañas dirigidas directamente al público se diseñaron para generar miedo y aversión hacia los genéricos. Por aquel entonces, la industria de especialidades encontró, en muchas ocasiones, fácil apoyo para sus opiniones por parte de mayoristas y farmacéuticos, quienes corrían el riesgo de sufrir grandes pérdidas en sus márgenes si caía el precio de los medicamentos. Este apoyo desapareció más adelante en aquellos países como Gran Bretaña y Francia donde se corrigió el sistema de remuneración a los farmacéuticos de tal forma que ya no se beneficiasen de los precios altos.

El argumento inicial tuvo un claro impacto sobre prescriptores y pacientes. En un mundo donde la calidad se equiparaba al precio y en el cual la idea de que allí donde hubiera enfermedad cualquier coste estaba justificado, el descrédito prosperó. Tanto los pacientes como los médicos se convirtieron en grupos de presión efectivos de la industria de especialidades que instigaban a los fondos sanitarios y a los aseguradores a mantener la financiación necesaria para el suministro de medicamentos de marca originales. El hecho de que, incluso después de la expiración de la patente sobre su sustancia activa, continuara vendiéndose normalmente la especialidad original bajo el nombre de marca, constituía un arma importante a su favor. Este era generalmente el nombre mayormente conocido y recetado y era muy fácil sugerir al médico y al público que este producto era el único verdadero, inalterado y fiable.

Debido a su importancia el argumento defensivo inicial todavía debe analizarse. ¿Es cierto que los medicamentos genéricos son malos? La primera respuesta que yo mismo vi fue una a la cual tuve acceso cuando era - en los años setenta y a principios de los ochenta - funcionario de una autoridad reguladora de medicamentos nacionales y examinábamos en el laboratorio tanto los medicamentos genéricos como los de marca. Ciertamente, los medicamentos genéricos que llegaban al panel de control de un país europeo occidental no aparentaban, por lo general, ser malos. Normalmente parecía que las empresas productoras, sin aspirar a conseguir innovaciones básicas, disponían de farmacéuticos astutos y directores de producción en plantilla, que fabricaban medicamentos cumpliendo los niveles establecidos por las farmacopeas normales. Había por cierto casos de innovación. Parecía como si algunos fabricantes de especialidades hubieran permitido que sus procedimientos farmacéuticos se quedaran estancados durante dos décadas, mientras que las empresas de genéricos que se ocupaban de fabricar los mismos medicamentos más tarde, aprovechaban ideas nuevas. No era extraño encontrar un producto genérico que tenía una mejor liberación y disponibilidad que la especialidad equivalente. Había, por supuesto, algunas excepciones; recuerdo un caso en el que los datos sobre biodisponibilidad humana habían sido falsificados de forma evidente desde un despacho y otro en el que las peculiaridades de un cromatograma causaron mucha preocupación. Los estadillos de datos, aunque normalmente inspirados por los de la especialidad original, también solían desvelar alguna inexperiencia. Por lo general, sin embargo, los genéricos no destacaban como productos inferiores. Esta ha sido también la experiencia de otras agencias, incluida la FDA de los Estados Unidos (REDACCIÓN DE ESSENTIAL DRUGS MONITOR, 1991).

Por otra parte, veinte años más tarde al trabajar con países africanos y los organismos internacionales, sí encontré una imagen de mayor heterogeneidad en la calidad del suministro de medicamentos. Estos países habían comerciado intensamente con el bloque socialista, incluida China en cuyos productos la calidad parecía un aspecto marginal. Otros países desarrollaban un comercio intenso con el Sudeste Asiático y aquí se podía encontrar cualquier grado de dispersión, desde productos de primera clase según pautas mundiales, hasta preparados con principios activos equivocados o carentes de ellos. Lo que quiero resaltar, sin embargo, es que estos problemas no afectaban específicamente ni en primer lugar a los medicamentos genéricos. Era como si la mayoría de los fabricantes de genéricos fueran conscientes de que en muchos mercados encontrarían unos centros de control de calidad con altas exigencias. Los peores problemas eran los relacionados con una clase de productos marcadamente distinta, las llamadas especialidades falsificadas, con nombres y marcas destinadas a confundir al prescriptor y al paciente. Dicha distinción debe hacerse, ya que las campañas enteramente loables en contra de los denominados «medicamentos falsos, espurios y de bajo nivel» se adentran muy fácilmente en el campo de genéricos, sugiriendo que sólo la especialidad original del innovador occidental es la verdaderamente fiable.

Hasta aquí hemos analizado la reacción inicial de la industria de especialidades farmacéuticas. Su segunda reacción fue mucho mejor concebida. En resumidas cuentas, trataba de reflejar el viejo refrán: «si no puedes con ellos, únete a ellos». Durante mucho tiempo, los fabricantes de especialidades habían tenido la costumbre de suministrar parcialmente en forma genérica y a precios interesantes, sus especialidades más antiguas. Los seguros sanitarios, los hospitales y las instituciones benéficas venían exigiendo, desde hacía tiempo, unos precios más bajos que los establecidos para las especialidades y los fabricantes emprendedores habían satisfecho discretamente esta demanda. Normalmente, la versión «genérica» del medicamento se vendía aparte del mercado general de forma que no minara la venta de especialidades; por ejemplo, sólo se suministraba a granel o en grandes envases para su uso hospitalario. Análogamente, en algunas ocasiones, los nichos de mercado se habían abastecido con especialidades de marcas alternativas, suministradas a través de una vía comercial separada y a precios retocados.

Consolidadas estas prácticas, no fue muy difícil para las compañías de especialidades entrar por sí mismas en el campo de los genéricos, bien utilizando su propia capacidad excedente de fabricación, o bien adquiriendo compañías de genéricos. Cabe destacar la adquisición de Rugby Laboratories por Marion Merrell Dow, así como la adquisición de Copley por Hoechst (cuadro 2). Sencillamente, había enraizado la idea de que una compañía que quisiera crecer en el mercado farmacéutico global tendría que desarrollarse simultáneamente en ambas direcciones. Los ingresos procedentes de las especialidades de marca (caracterizadas por bajos volúmenes físicos de venta, alto rendimiento y elevado riesgo) serían complementados por ingresos de los genéricos, con alto volumen, bajo rendimiento y escaso riesgo. Como antes, la conexión entre la línea de especialidades de marca y la de genéricos no se proclamó abiertamente. En efecto, muchas compañías no tendrían empacho en seguir defendiendo la superioridad de las especialidades de marca por un lado, mientras desarrollaban agresivamente un mercado de genéricos por otro.

CUADRO 2. - Relación entre empresas de especialidades con marca y de genéricos. Algunos ejemplos

Empresa de especialidades con marca

Empresa de genéricos

Merck & Co.

West Point Pharma

Zeneca

IPR Pharmaceuticals

Marion Merrell Dow

Rugby-Darby

Hoechst

Copley Pharmaceuticals

Junto a las reacciones frente a los genéricos defensiva y expansiva surgieron otras. Una fue el argumento de que el uso de los medicamentos genéricos minaría la investigación que realizaba la industria de especialidades patentadas de marca y, consiguientemente, la innovación de medicamentos. Este es un argumento propuesto enfáticamente a los gobiernos y a las agencias de financiación de medicamentos sobre el cual volveré más adelante.

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