Los medicamentos ante las nuevas realidades económicas
(1997; 272 páginas) [English]
Table of Contents
View the documentNOTA SOBRE LOS AUTORES
View the documentPRESENTACIÓN
View the documentPRÓLOGO
View the documentGLOSARIO
Open this folder and view contentsI. EL ENTORNO ECONOMICO GLOBAL
Close this folderII. LA REFORMA DE LOS SISTEMAS DE SALUD
Open this folder and view contentsII.1. El impacto sobre los medicamentos de la contención del gasto y las reformas en la asistencia sanitaria, por Elias Mossialos
Open this folder and view contentsII.2. La reforma de la atención a la salud en América Latina. El rol del Estado y los medicamentos esenciales, por Alberto Infante
Close this folderII.3. Regulación, políticas y medicamentos esenciales, por Juan Ignacio Arango F.
Close this folder1. DOS GRANDES TENDENCIAS
Close this folder1.1. El papel del Estado
View the document1.1.1. El Estado y la sociedad civil: regulación y participación. ¿Estatización vs. privatización?
Open this folder and view contents1.2. La internacionalización
Open this folder and view contents2. LOS MEDICAMENTOS
View the document3. CONCLUSIONES
Open this folder and view contentsIII. LAS TRANSFORMACIONES DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
Open this folder and view contentsIV. SINTESIS Y PREVISIONES
View the documentBIBLIOTECA CIVITAS ECONOMÍA Y EMPRESA - COLECCIÓN ECONOMÍA - SERIE TRATADOS Y MANUALES
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1.1.1. El Estado y la sociedad civil: regulación y participación. ¿Estatización vs. privatización?

Con el tiempo el debate ha ido encontrando nuevos cursos y la reivindicación de la sociedad civil, como instancia social activa y decisoria, tiende hoy a ocupar puesto preponderante en el diseño de la trama social. Más de uno podría interpretar esta tendencia como una especie de «muerte del Estado» y un retorno, bien paradójico por cierto, al ideal anarquista, pero ahora mediante la reivindicación del mercado y la propiedad privada y bajo el nombre parcialmente remozado de neoliberalismo. La versión contraria, que reivindicaría el valor de la organización social de base, por sí misma, busca debilitar las tendencias burocratizantes, reemplazándolas por la fuerza de la comunidad organizada.

Este estilo de problemas nos exige, al menos, preguntarnos acerca de la validez del Estado como instancia social de concertación, de «contrato social» para reconocer una autoridad y revestirla de funciones de regulación de la vida social. Deberíamos, entonces, partir de la sociedad como contexto de realización del ser humano y, en cuanto tal, como escenario que debería ser propicio para que cada cual pudiera alcanzar las mejores condiciones para el desarrollo de sus potencialidades. No podríamos partir de una visión «neutra» de la sociedad y su estructura; partimos de una axiología y de una visión ética del contexto social: la sociedad debe estar organizada de tal forma que contribuya en la mejor manera posible al Bienestar Social. Así las cosas, podríamos replantear en tres preguntas simples la estrategia social del bienestar.

a) ¿Qué?

¿Qué merece el ser humano? ¿Qué requiere para su realización? La respuesta es absolutamente compleja y no vamos a profundizar en su contenido1; simplemente diremos que debe existir una estructura social que garantice, de la mejor forma posible, que todos los seres humanos que la componen tengan efectivo acceso a las condiciones básicas de entorno y a los bienes y servicios que les garanticen una vida digna y un desarrollo humano integral.

1 Desde muchas ópticas se trabaja esta pregunta, empezando con los teóricos de la pobreza, los economistas y sociólogos del bienestar, sin descartar el aporte de filósofos y teólogos.

Tales condiciones y tales bienes y servicios no pueden surgir por fuera de la trama cotidiana de relaciones que constituyen la vida social y surgen como parte de procesos de intercambio e interrelación. Pues bien, tanto en el proceso de intercambio mismo como en los objetos intercambiados quedan comprometidas las condiciones de realización humana de quienes participan en ellas. Sólo en teoría podríamos concebir procesos de interrelación e intercambio perfectos, ideales. Radica, entonces, en este mismo nivel una función clave del Estado: regular el proceso de intercambio (en el sentido más amplio de la palabra), vigilar la transparencia del proceso y, de acuerdo a la COMPLEJIDAD Y RIESGO, garantizar la seguridad que cada quien debe tener en todo el proceso.

Parecería que estuviéramos diseñando mecanismos de coacción al mercado; pero es de todos bien sabido, que tal vigilancia y tal control son, precisamente, las condiciones mínimas de coexistencia al interior de un mercado transparente y sin distorsiones. Estamos hablando, entonces, de promulgar reglas del juego, estándares obligatorios mínimos de calidad, etcétera, para garantizar la transparencia y seguridad de los intercambios sociales.

b) ¿A quién?

La segunda función básica de la organización social es la de garantizar que tales condiciones, bienes y servicios, efectivamente lleguen a todos sus asociados. Estamos en el terreno de la justicia social. Es también cuestión de principios: el bienestar, así definido, debe ser para todos. El ideal social está intrínsecamente atado a una concepción de la justicia, mediante la cual se reconoce el derecho de todos a acceder a las oportunidades que requieren para su desarrollo humano.

c) ¿Cómo?

Si planteábamos en las dos preguntas anteriores que era cuestión de principios que la estructura social garantizara a todos las mejores condiciones de desarrollo, entramos ahora en un terreno pragmático: cómo lograr ambos objetivos. Si en la primera pregunta se trataba de la calidad de vida y en la segunda de la cobertura como dimensión de la justicia, ahora se trata, simplemente, de elegir los mejores medios para lograrlas. Y para el análisis resulta muy útil señalar la eficiencia como el criterio prioritario de valoración: la sociedad dispone de una serie de recursos (naturales, humanos, financieros, técnicos, etc.) para lograr su ideal de bienestar; el criterio de eficiencia nos indica cuándo obtenemos el mayor resultado con el gasto mínimo de tales recursos.

Todos los ciudadanos merecen, por ejemplo, gozar de buena salud; eso es lo no negociable. Cómo lograrlo, dependerá de un análisis muy concreto y global de eficiencia. Si es a través de hospitales públicos o privados; si es a través de subsidios a la oferta o a la demanda; si es a través de prevención o de curación, etc., son, todas, las preguntas técnicas que sólo pueden resolverse mediante un análisis concreto e integral de eficiencia: los mayores logros con el menor gasto de recursos. En este ámbito, la eficiencia, es el único asunto de principio2.

2 Convendría anotar que la eficiencia no puede ser tomada en una forma inmediatista; debe corresponder a un análisis sólido y de largo plazo. Una alternativa concreta, de privatización de un servicio, por ejemplo, puede parecer exitosa en el corto plazo, pero acarrear a la larga costos sociales mayores que sus beneficios de corto plazo.

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