Los medicamentos ante las nuevas realidades económicas
(1997; 272 páginas) [English]
Table of Contents
View the documentNOTA SOBRE LOS AUTORES
View the documentPRESENTACIÓN
View the documentPRÓLOGO
View the documentGLOSARIO
Open this folder and view contentsI. EL ENTORNO ECONOMICO GLOBAL
Close this folderII. LA REFORMA DE LOS SISTEMAS DE SALUD
Open this folder and view contentsII.1. El impacto sobre los medicamentos de la contención del gasto y las reformas en la asistencia sanitaria, por Elias Mossialos
Close this folderII.2. La reforma de la atención a la salud en América Latina. El rol del Estado y los medicamentos esenciales, por Alberto Infante
View the document1. INTRODUCCIÓN
Open this folder and view contents2. EL CONTEXTO POLÍTICO, ECONÓMICO Y SOCIAL Y EL ROL DEL ESTADO
Open this folder and view contents3. LA REFORMA DE LA ATENCIÓN A LA SALUD EN AMÉRICA LATINA
Close this folder4. LOS MEDICAMENTOS ESENCIALES
View the document4.1. Producción
View the document4.2. Regulación y registro
View the document4.3. Prescripción
View the document4.4. Comercialización
View the document4.5. Los medicamentos y el sector público
View the document4.6. Formación
View the document4.7. A modo de corolario
View the documentBIBLIOGRAFÍA
Open this folder and view contentsII.3. Regulación, políticas y medicamentos esenciales, por Juan Ignacio Arango F.
Open this folder and view contentsIII. LAS TRANSFORMACIONES DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
Open this folder and view contentsIV. SINTESIS Y PREVISIONES
View the documentBIBLIOTECA CIVITAS ECONOMÍA Y EMPRESA - COLECCIÓN ECONOMÍA - SERIE TRATADOS Y MANUALES
View the documentCUBIERTA POSTERIOR
 
4.7. A modo de corolario

En el octavo Informe sobre la situación sanitaria mundial, la OMS dedicó un breve apartado a la «disponibilidad de medicamentos y vacunas esenciales» (OMS, 1993b, vol. I, pp. 87-88). En él se señala que «la idea del uso racional de los medicamentos está ampliamente aceptada». Que muchos países en desarrollo tienen problemas para comprar medicamentos por falta de divisas. Y que esos países siguen adoptando políticas farmacéuticas nacionales para racionalizar la situación y coordinar la cooperación externa en este campo. Por su parte, las autoridades sanitarias de los países desarrollados se preocupan por las repercusiones sanitarias y financieras de la sobreprescripción y tratan de modificar los hábitos de los médicos y las costumbres de la población sobre el uso de los medicamentos. El apartado concluye alertando sobre la necesidad de vigilar la calidad de las vacunas empleadas en los países en desarrollo. El apartado no contiene una sola cifra. En síntesis, demasiado poco y demasiado vago.

Por su parte, el Informe del Director General a la 47 Asamblea Mundial de la Salud, mayo de 1994 (HELLING-BORDA, 1994) señaló la necesidad de prestar atención a cinco puntos:

a) la disponibilidad de recursos, pues a causa de la crisis económica y los programas de ajuste, el financiamiento del sector público y el poder adquisitivo de los hogares han disminuido;

b) las exageradas tendencias a la privatización imperantes en muchos países en desarrollo y ex-socialistas, que obligan a insistir en preservación de la equidad en el acceso a los medicamentos;

c) la viabilidad o no, a medio plazo, de las fórmulas de copago;

d) la necesidad de capacitar a los prescriptores, educar a los consumidores y regular la promoción de medicamentos;

e) la necesidad de coordinar más eficientemente, y según las necesidades de los receptores, la ayuda internacional de los múltiples actores en este campo.

Como es usual, la Asamblea adoptó varias resoluciones al respecto para:

1) mejorar el acceso equitativo a medicamentos esenciales de buena calidad y costo asequible y fomentar su uso racional;

2) dedicar personal y recursos para fortalecer su capacidad nacional de reglamentación, y fomentar la cooperación de fabricantes y gobiernos en el logro de las metas de salud pública;

3) aprobar la revisión de las Normas de fabricación correcta;

4) reforzar el papel del farmacéutico como garante de la calidad, la información objetiva y el uso racional;

5) reglamentar la promoción y asegurar que los mensajes publicitarios tengan validez científica.

Al tratar este punto, en junio de 1994, el Comité Ejecutivo del Consejo Directivo de la OPS conoció un Informe del Director (OPS, 1994e, pp. 7-10) donde, tras señalar algunas iniciativas del Programa de Medicamentos y Tecnología para Atención a la Salud, particularmente en la difusión de los criterios éticos aprobados por la Asamblea Mundial en 1988, se insistía sobre «la insuficiencia de personal y recursos en el sector gubernamental para vigilar adecuadamente las prácticas de comercialización de la industria». Se señalaba que «excepto por el hecho de que todas las partes interesadas han tomado mayor conciencia sobre la necesidad de aplicar medidas al respecto, en las Américas se ha observado muy poco progreso en esta esfera». Y se concluía observando que «en el clima que predomina actualmente de eliminación de controles, las autoridades nacionales reconocen que la vigilancia apropiada de la industria no puede efectuarla el gobierno solamente. Por el contrario, los gobiernos deben promover la participación activa de las organizaciones de consumidores y una mejor reglamentación de la industria misma».

Pese al tono más bien pesimista de los párrafos anteriores algunos avances parecen registrarse recientemente. Por ejemplo, a fines de mayo de 1994, la Comisión Asesora de Medicamentos del Convenio Hipólito Unanue (Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Venezuela) aprobó su mecanismo interno de funcionamiento (creándose tres grupos de trabajo) y la armonización del Registro sanitario andino de medicamentos, inicialmente limitado a los principios activos comunes en los listados de medicamentos esenciales de los países participantes. Además, se aprobó un plan cuatrienal (1994-97) con cuatro grandes capítulos: política farmacéutica; suministro; regulación y garantía de calidad y uso racional. Una de las líneas de acción recomendadas fue, precisamente, el «fomento de la producción y comercialización de medicamentos esenciales bajo su denominación genérica».

Por su parte, en junio de 1994 los presidentes centroamericanos decidieron crear un mercado libre para cuarenta productos seleccionados por un comité técnico ad hoc establecido en 1993. En noviembre de 1994, con el apoyo de la OMS y de la OPS, tuvo lugar una reunión de coordinadores de proyectos de medicamentos esenciales de América Central Panamá, Belice y Rep. Dominicana. En él se revisó el estado de diversos proyectos subregionales (estudios de utilización y de indicadores; armonización de la regulación farmacéutica, etc.) y se conocieron tres experiencias: el Programa de Medicamentos Esenciales iniciado en 1986 en Sololá y extendido luego a otros cinco departamentos de Guatemala; la experiencia nicaragüense de medicamentos esenciales en los sistemas locales de atención integral (SILAIS) y el desarrollo de la farmacia hospitalaria en Honduras. Y se llegó a un principio de acuerdo, a concretar antes de agosto de 1995, para un plan de acción en cuatro áreas prioritarias: política y legislación; registro y garantía de calidad; suministro y logística, e información y educación.

En resumen, en materia de medicamentos se perciben en América Latina los mismos procesos simultáneos, no siempre bien articulados, que para los demás productos (FEFER, 1994): uno, a nivel nacional, dirigido a la desregulación de los mercados; y otro, a nivel subregional, orientado a crear mercados más amplios dentro de esquemas de libre comercio. El aspecto positivo es que ello está obligando a los gobiernos a revisar legislaciones anticuadas y a menudo contradictorias y a ir aceptando los criterios de las Normas de fabricación correcta y los procedimientos de certificación de la calidad recomendados por la OMS. Y, más importante, que se deben fortalecer las oficinas gubernamentales encargadas de estos temas.

En consecuencia, si hubiera que seleccionar una pocas áreas donde la cooperación externa con los países de la región puede ser relevante en el futuro inmediato, me atrevería a destacar las siguientes:

a) la reforma curricular de las facultades de farmacia y medicina en el sentido señalado más arriba;

b) la armonización legislativa, en general y de las condiciones de registro, en particular;

c) la farmacia clínica y, en particular, la hospitalaria; y

d) la investigación sobre el uso de los medicamentos. En alguna de ellas, la cooperación española ha prestado y presta un apoyo relevante.

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