Los medicamentos ante las nuevas realidades económicas
(1997; 272 páginas) [English]
Table of Contents
View the documentNOTA SOBRE LOS AUTORES
View the documentPRESENTACIÓN
View the documentPRÓLOGO
View the documentGLOSARIO
Close this folderI. EL ENTORNO ECONOMICO GLOBAL
Open this folder and view contentsI.1. Conferencia inaugural: El Estado del bienestar, la política económica y los servicios de salud, por Julio Segura
Close this folderI.2. Los acuerdos de la Ronda Uruguay y los medicamentos, por Carlos M. Correa
View the document1. INTRODUCCIÓN
Open this folder and view contents2. PATENTES DE INVENCIÓN
View the document3. INFORMACIÓN NO DIVULGADA
Open this folder and view contents4. PLAZOS DE TRANSICIÓN
View the document5. «ENFORCEMENT» Y SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS
View the document6. IMPLICACIONES SOBRE EL DESARROLLO, PRODUCCIÓN Y COMERCIO DE MEDICAMENTOS
View the document7. CONCLUSIONES
View the documentBIBLIOGRAFÍA
Open this folder and view contentsI.3. La normalización del mercado internacional de los medicamentos: sus futuros impactos sobre los países emergentes, por Peter O'Brien
Open this folder and view contentsII. LA REFORMA DE LOS SISTEMAS DE SALUD
Open this folder and view contentsIII. LAS TRANSFORMACIONES DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
Open this folder and view contentsIV. SINTESIS Y PREVISIONES
View the documentBIBLIOTECA CIVITAS ECONOMÍA Y EMPRESA - COLECCIÓN ECONOMÍA - SERIE TRATADOS Y MANUALES
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6. IMPLICACIONES SOBRE EL DESARROLLO, PRODUCCIÓN Y COMERCIO DE MEDICAMENTOS

Las negociaciones sobre propiedad intelectual en el marco del GATT fueron impulsadas por los gobiernos de los países industrializados, especialmente por el de los Estados Unidos, a fin de responder a las demandas de las industrias de esos países. De hecho, las organizaciones empresarias de la Industria farmacéutica, de semiconductores, de obras audiovisuales, entre otras, desplegaron una acción continua con el propósito de elevar los estándares de protección en general y, en particular, obtener el reconocimiento o fortalecimiento de los derechos en los países en desarrollo que excluían esa protección.

La Ronda Uruguay ofreció, como se ha visto, a los países industrializados - y a los grupos industriales mencionados - la oportunidad de establecer estándares mínimos universales y, al mismo tiempo, legitimar el mecanismo de represalias comerciales que venían aplicando los Estados Unidos bajo la sección 301 de la Ley de Comercio de ese país. Para la Industria farmacéutica, en particular, la Ronda fue la ocasión para doblegar la resistencia de los países que negaban la protección por patentes a los productos farmacéuticos. A fines de la década de los setenta, más de ochenta países no conferían ninguna protección o sólo protegían los procedimientos (y no los productos) farmacéuticos. La Industria farmacéutica de los Estados Unidos consideraba, más aún, que sólo en dieciséis países se ofrecía entonces un patentamiento adecuado y «completo» (WHITE, 1979).

Los argumentos articulados por los países desarrollados en favor de una extensión y fortalecimiento de la protección por patentes, incluyeron el impacto positivo que ellos tendrían sobre el ritmo de innovación en el sector, así como sobre la transferencia de tecnología y las inversiones directas extranjeras en los países en desarrollo. A continuación se consideran brevemente algunos de estos temas.

Uno de los principales argumentos en la búsqueda de un protección universal y efectiva de las patentes de productos farmacéuticos ha sido el de la falta de contribución por parte de los países en desarrollo a los costos de Investigación y Desarrollo (I + D) de las empresas innovadoras23. Ello tendría un efecto negativo sobre la disponibilidad de recursos para continuar el esfuerzo en I + D de las empresas innovadoras.

23 Si bien esos países no han contribuido mediante el pago de regalías, en muchos casos lo han hecho de manera indirecta pero importante, a través de los sobreprecios pagados por la importación de principios activos. Para el caso argentino, por ejemplo, los flujos promedio anuales por sobrefacturación a mediados de los ochenta fueron estimados en 80 millones de dólares (BISANG, 1991), una suma igual a la estimada por la PMA como pérdida anual de las empresas farmacéuticas de los Estados Unidos por el no patentamiento de drogas (NOGUÉS, 1991).

El reconocimiento de las patentes farmacéuticas en escala mundial aumentará, sin duda, los ingresos de las empresas titulares, en concepto de regalías y beneficios (NOGUÉS, 1990). Es improbable, empero, que tal incremento se manifieste en alguna forma significativa en un aumento en la innovación farmacéutica global.

En 1990 los países en desarrollo participaban con un 18,4 por 100 de la producción mundial de productos farmacéuticos (formulaciones) (BALLANCE, POGANY y FORSTNER, 1992). Una buena parte de tal producción es realizada en esos países por las propias empresas multinacionales las que, por lo común, controlan dos tercios o más de los mercados de los países en desarrollo24. Otro importante segmento corresponde a productos «genéricos», respecto de los cuales no existen patentes en vigor. Las estimaciones sobre la porción del mercado de formulaciones abastecido por empresas nacionales con base en productos «copia» de empresas multinacionales, varían considerablemente, entre un 10 por 100 y un tercio del mercado doméstico total (NOGUÉS, 1990). Ello implica que aun cuando todos los países en desarrollo reconozcan patentes farmacéuticas, el impacto de tal reconocimiento sobre un aumento de la innovación farmacéutica será marginal, y difícilmente justificará los costos económicos y sociales que deberán ser soportados en aquellos países25.

24 En el caso de Brasil y México, por ejemplo, las empresas extranjeras dan cuenta del 80 por 100 o más del mercado de formulaciones. Argentina y la India son tal vez las más notables excepciones, en términos de una elevada participación de empresas nacionales.

25 No existen cifras confiables de las pérdidas efectivamente sufridas por las empresas farmacéuticas. Según una encuesta de la U.S. International Trade Commission, las pérdidas por regalías y otros ingresos de la industria farmacéutica por inadecuada protección de patentes, ascendían en 1986 a $US 232 millones. La Comisión admite que tal estimación puede ser «biased and self-serving» (USITC 1988, cuadro 4-5 y p. 4). En 1987, los gastos en I + D de la industria ascendían a $US 5.500 (OTA, 1993, cuadro 2-2); la obtención generalizada de protección hubiera permitido incrementar, en el mejor de los casos, sólo en un 4,2 por 100 tales gastos, suponiendo que la totalidad de los ingresos adicionales fueran destinados a I + D.

Por otra parte, según un estudio de la OTA, puede esperarse que una nueva droga promedio introducida al mercado de los Estados Unidos en el período 1981-1983 genere retornos en dólares cuyo valor presente es cerca de 36 millones más de dólares (después de impuestos) de lo que hubiera sido necesario para realizar la inversión en I + D. De acuerdo con este estudio, «la persistencia en el largo plazo de retornos en dólares más altos en la industria en su conjunto que el monto necesario para justificar el costo y riesgo de la I + D es evidencia de un innecesario poder de fijación de precios sobre los productos farmacéuticos éticos» (OTA, 1993, p. 3).

En suma, no es posible sostener el argumento de que la introducción de las patentes farmacéuticas en los países en desarrollo que han excluido tal protección, está justificada por el aumento en la I + D por parte de las empresas que se beneficiarán con un mayor flujo de ingresos por utilidades y regalías.

Tampoco es de esperar un incremento de la I + D en los países en desarrollo pues, si el costo en I + D de una nueva droga es - como se sostiene - del orden de los 150/200 millones de dólares, no hay ninguna empresa en un país en desarrollo que alcance un volumen de ventas (que no debería ser inferior a los 400 millones de dólares anuales) para hacer frente a tal inversión. Si bien las grandes empresas farmacéuticas, por otra parte, han descentralizado parte de sus actividades en centros de I + D en países distintos a los de las casas matrices, la asignación de tales actividades a países en desarrollo es insignificante (UNITED NATIONS, 1992).

Un estudio de las invenciones de medicamentos realizadas entre 1950 y 1989 en 95 países que reconocían patentes de producto farmacéutico, revela que el 91,7 por 100 de aquéllas se concentraron en dieciséis países, en tanto en 64 países no se realizó ninguna invención (CHALLÚ, 1991a). En otras palabras, la existencia de la protección de patentes - como es de esperar - no conducirá a contar con mayor capacidad de innovación, si no se dan otras condiciones de contexto, especialmente en cuanto a la infraestructura científico-tecnológica preexistente. Aun en Corea del Sur, uno de los países que más espectacularmente ha fortalecido su capacidad de I + D en los últimos veinte años, el impacto de la introducción de patentes tuvo un efecto negativo sobre la mayoría de las empresas farmacéuticas coreanas (KIM, RO y YU, 1994).

El impacto positivo de la adopción de patentes sobre la inversión directa extranjera (IDE) y la transferencia de tecnología es igualmente dudoso. No existe evidencia concluyente, por un lado, de que a mayor protección, mayores flujos de IDE. En el sector farmacéutico, en particular, los casos de Brasil y Turquía muestran precisamente la relación opuesta (UNITED NATIONS, 1993). Existe evidencia, asimismo, sobre el desmantelamiento de plantas de formulación farmacéutica por parte de subsidiarias extranjeras tras la introducción de las patentes farmacéuticas. Es probable que la producción local de formulaciones en países en desarrollo, sea crecientemente sustituida por la importación de productos terminados (o a granel), es decir, que el comercio de medicamentos reemplace cada vez más la IDE y la concesión de licencias a empresas locales de esos países.

Por el momento, el único efecto probable de la introducción de las patentes farmacéuticas como consecuencia de los cambios en las leyes de patentes de países en desarrollo, y de los que se introducirán para cumplir con el Acuerdo TRIPs, es el aumento de los precios de los medicamentos. Ello a menos que se establezcan sistemas efectivos de licencias obligatorias y de agotamiento internacional de los derechos.

Así, Subramanian observó que los precios de los medicamentos en Malasia, donde existe protección de patentes, son del 20 al 760 por 100 más altos que en la India, donde tal protección no existe. La fijación de precios en el primer país se hace sobre el principio de «lo que el mercado puede soportar» («what the market can bear») (SUBRAMANIAN, 1992). El impacto de la introducción de patentes en la India puede ser enorme: aun con precios extremadamente bajos en comparación con los vigentes en otros países, sólo un 30 por 100 de la población puede adquirir medicamentos modernos. Según el Ministerio de Comercio de ese país, «las patentes de producto empujarán hacia arriba los precios de los medicamentos entre cinco y diez veces» (KARANDIKAR, 1994).

La evidencia suministrada por los estudios de Nogués (1990) y Challú (1991a y b) es coincidente con este escenario de incremento de precios. En el caso de Italia, tras la introducción de las patentes de producto farmacéutico en 1978, los precios de los medicamentos aumentaron en promedio más de un 200 por 100 (CHALLÚ, 1991b).

Por último, se ha argüido que las concesiones de los países en desarrollo en materia de propiedad intelectual constituirían el «precio» por las ventajas que ellos obtendrían del conjunto de la Ronda Uruguay, particularmente en cuanto acceso a mercados. Empero, el balance de los acuerdos26 sobre reducción de tarifas, agricultura y textiles muestra resultados magros, apenas modestamente favorables, para esos países. La reducción de tarifas para productos que son comercializados predominantemente intraindustria, intrafirma y entre países industrializados, es significativamente mayor (de 43 por 100 a 62 por 100) a la de los productos que constituyen las principales exportaciones de los países en desarrollo (alrededor del 20 por 100 en promedio). La estructura de aranceles de los países industrializados continúa, tras la Ronda, discriminando contra los productos agrícolas y textiles27. Además, la posibilidad de que los países importadores apliquen salvaguardias hace aún más inciertas las ventajas que se hubieren podido obtener.

26 El análisis que sigue se basa en (AGOSIN y TUSSIE, 1994).

27 Por ejemplo, en los Estados Unidos el arancel promedio general (excluyendo hidrocarburos) después de la Rueda será del 5,5 por 100, pero ascenderá al 7 por 100 para productos agrícolas no tropicales y a 16,9 por 100 para textiles y vestimenta. En el caso de la Unión Europea serán de 6,9, 16,8 y 10,1 por 100, respectivamente.

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