¿La educación de la comunidad en el uso de medicamentos es una necesidad, o es un lujo que debe ser considerada cuando todos los otros aspectos de una política nacional de medicamentos han sido ya adoptados?. ¿Puede la mayoría de los países solventar esa educación cuando tantos problemas de suministro y acceso quedan sin resolver en el sector farmacéutico? ¿Es quizás una prioridad sólo para los países más ricos del mundo? La cuestión puede ser planteada de manera diferente: ¿Pueden los países permitirse el hecho de no comprometerse con la educación a la comunidad cuando desean que las condiciones de salud mejoren y que los recursos deben ser usados racionalmente? Estas son las preguntas claves que enfrentan los países y las organizaciones de desarrollo.
El público en general necesita información y educación sobre medicamentos, y estrategias para buscar tratamientos apropiados por varias y urgentes razones de salud pública:
• debido al importante rol que tienen los medicamentos en el cuidado moderno de la salud;
• con eso, los individuos y comunidades pueden asumir la responsabilidad por su salud, incluyendo la decisión de una apropiada estrategia terapéutica: tanto como un derecho humano, así como un pre-requisito para una segura toma de decisiones;
• así, como consumidores(as), ellos(as) tienen las herramientas básicas para comprar directamente medicinas en forma segura y racional; y pueden poner en contexto las alegaciones de la promoción comercial de medicamentos: ambas son áreas críticas considerando la extensión de la auto-medicación y la evidencia de un mercadeo no ético de medicamentos;
• así, como pacientes, ellos(as) pueden ser contrapartes informados(as) en la decisión terapéutica y el posterior uso de medicamentos: un elemento esencial para óptimos resultados terapéuticos ya que el (la) paciente es el(la) determinante final del uso de medicinas.
Derechos y responsabilidades
Los derechos y responsabilidades de la comunidad referentes al cuidado de la salud han sido enunciados claramente en muchas reuniones internacionales. Por ejemplo, la Declaración de Alma Ata1 afirma: “La población tiene el derecho y la obligación de participar individual y colectivamente en la planificación y ejecución de sus cuidados sanitarios”. La Carta de Ottawa2 reconoce a la “comunidad como la voz esencial en materias referidas a su salud” y llama a una reorientación de los servicios de salud hacia la promoción sanitaria; también, a compartir el poder con “otros sectores, otras disciplinas y más importante, con la misma población”.
El mal uso de medicamentos
Los derechos y responsabilidades de la comunidad deben ser apuntalados por la educación y la información. Muchos estudios señalan importantes concepciones erróneas y mal uso de medicamentos por prescriptores, dispensadores y consumidores. Investigaciones realizadas en países como Etiopía3, Gana4, India5, Kenia6, Papua Nueva Guinea7 y Filipinas8 muestran que los consumidores en general conocen muy poco acerca de los medicamentos que usan, sus efectos y sus mecanismos básicos. Otros estudios muestran que aunque los fármacos modernos están basados en un modelo científico racional, ellos son distribuidos, prescritos y usados en formas que frecuentemente no están de acuerdo con ese modelo.9-17
Las actividades de mercadeo de medicamentos dirigidos a los prescriptores, dispensadores y consumidores pueden contribuir al uso irracional. El mercadeo no ético de medicamentos está difundido en los países en desarrollo18, 19 y aunque los estándares han mejorado en los países desarrollados, estudios recientes han encontrado la persistencia de problemas tales como alegaciones falsas y engañosas, campañas orientadas al cambio de medicamentos y promoción comercial disfrazada de pruebas clínicas.20, 21
Consumidores: el decisor definitivo
La auto-medicación, tanto en países industrializados22, 23 como en vías de desarrollo, es la reacción más común a los síntomas percibidos. La venta de productos tradicionalmente considerados OTC (de venta sin receta) representó aproximadamente el 17% del mercado farmacéutico mundial (en valores de venta) en 1993. Tres cuartos de esas ventas se realizaron en Europa, Japón y Estados Unidos.24
Sin embargo, estas cifras no reflejan el panorama completo. Los medicamentos de venta libre son generalmente menos caros que los medicamentos bajo prescripción, de tal modo que el volumen relativo consumido es mayor que el 17% del total de ventas. Más significativo aún, la auto-medicación tiene muchas manifestaciones que no están reflejadas en los datos de venta de productos OTC. Entre esas manifestaciones se cuenta el uso de medicina tradicional, el almacenamiento (guardar medicamentos sobrantes) y uso repetido de medicamentos bajo prescripción y la compra directa de medicamentos que deberían dispensarse con receta médica. Estudios de hogares y comunidades en Africa, Asia y América Latina han encontrado que hasta el 80% de los episodios mórbidos son auto-tratados con fármacos modernos.23, 25-28
Los medicamentos bajo prescripción están ampliamente disponibles en una variedad de fuentes que incluyen vendedores callejeros, curanderos tradicionales y tiendas no autorizadas29. En muchos países en desarrollo, los medicamentos bajo prescripción están también rutinariamente disponibles directamente para los consumidores en farmacias autorizadas debido a la falta de capacidad del estado para hacer cumplir las regulaciones respectivas.
Aún cuando los consumidores usan canales formales de atención sanitaria, sus decisiones y no la de los proveedores de cuidados de salud es el determinante final del uso de medicamentos. Una vez que ellos tienen una prescripción, los/las pacientes deciden si compran o no el medicamento, si compran toda la receta o sólo parte de ella. Para hacerlo, ellos/ellas necesitan decidir qué productos son importantes y comprarlos. Los/las pacientes también deciden si toman la medicina y cuando, si continúan con el tratamiento en caso que aparezcan efectos colaterales o si los síntomas desaparecen y qué hacer con las medicinas que no usaron.
Estas decisiones están influenciadas por las creencias de la familia, amigos o la comunidad más amplia. Los farmacéuticos son a menudo los profesionales de salud con el más cercano contacto con el público y pueden ser una fuente clave de consejo. Los médicos y otros prescriptores pueden tener un impacto indirecto sobre las decisiones de los consumidores, particularmente cuando un paciente es inicialmente orientado a usar un producto a través de una prescripción. Y, por supuesto, el material promocional de los fabricantes farmacéuticos está orientado a influir la elección del consumidor. El cómo las medicinas son adquiridas y usadas es por lo tanto no sólo una elección individual hecho por un prescriptor o un consumidor, sino que refleja una matriz de factores sociales, económicos y sanitarios que influyen aquellas decisiones.
El rol de la educación al público
La educación al público es importante para influir positivamente sobre esas decisiones. Los consumidores necesitan acceder a información verdadera y comprensible acerca de los potenciales beneficios y riesgos de las medicinas en general; cómo actúan en el organismo; las limitaciones de la farmacoterapia y otras opciones de tratamiento. Los pacientes, durante un encuentro terapéutico o de dispensación requieren información acerca del riesgo/beneficio de las diferentes opciones de tratamiento, incluyendo los efectos colaterales.
Este documento, que da cuenta del estudio internacional de la OMS acerca del trabajo actual de educación al público en uso racional de medicamentos, examina cuáles son los objetivos; quiénes están haciendo el trabajo, cómo y por qué; cuáles son las necesidades y lecciones aprendidas; y cuál es el camino a seguir. El estudio intenta contribuir al cuerpo de conocimientos de un campo descuidado y del cual hay pocos informes; de tal manera que los países, organizaciones e individuos que se comprometen en iniciativas de educación al público puedan maximizar sus probabilidades de éxito, aprender del trabajo y experiencia de otros y contribuir verdaderamente al empoderamiento de la comunidad.