Las mesas de trabajo deben estar colocadas contra una pared y recibir luz natural de preferencia por el lado izquierdo. En un rincón de la habitación debe instalarse un armario o alacena con campana de humos o una mesa situada bajo un ventilador.
Las mesas de trabajo deben tener una superficie de plástico blanco o negro resistente a los ácidos; si están recubiertas de vidrio o cerámica correrá más peligro de romperse la cristalería. Los tableros de madera sin pintar deben encerarse con parafina blanda. Las pinturas o resinas que se utilicen para proteger estas superficies deben resistir la acción de los ácidos diluidos. Las mesas de trabajo deben tener una altura que permita utilizarlas con comodidad tanto de pie como estando sentado. Deben disponer de estantes y cajones no demasiado profundos que se adapten a los utensilios que se hayan de guardar en ellos. Las sillas deben ser resistentes y estables.
Los armarios y vitrinas deben ser fáciles de mantener y limpiar, así como resistentes a los productos químicos. Los estantes destinados a los reactivos deben ser de vidrio esmerilado y estar bien sujetos a las paredes o a las mesas. Los solventes inflamables y los ácidos minerales concentrados han de guardarse en envases muy bien cerrados de dos litros como máximo. Las cantidades mayores que se tengan almacenadas deben guardarse en una habitación aparte que se ajuste a los reglamentos locales contra incendios. Las soluciones concentradas de ácidos y amoniaco han de almacenarse por separado, de preferencia en una alacena con campana de humos empotrada en la pared, revestida de azulejos o plástico resistente a los ácidos y provista de una puerta de cristal con marco de plástico resistente a los ácidos.