La clasificación incluye una evaluación general inicial de las existencias y la separación subsiguiente de los medicamentos en los que son utilizables y los que se van a desechar. En el caso de estos últimos, deberá decidirse el mejor método de eliminación. Para que el proceso sea eficiente los medicamentos deberán manipularse sólo una vez. Los fármacos que se pueden volver a utilizar deberán mantenerse en sus respectivos envases. Los que se van a tratar, cuando fuese posible, deberán retirarse de su envase lo más cerca del final del proceso como sea posible.
El proceso de clasificación incluye:
• identificar cada producto;
• decidir si es utilizable;
• si es utilizable, dejar el envase intacto;
• si no es utilizable, escoger el método óptimo de tratamiento y clasificarlo según ese criterio;
• dejar los paquetes y las cajas intactos hasta que lleguen al lugar asignado, antes del tratamiento o transporte definitivo a una institución para su uso.