El té de Arabia o khat se refiere a las hojas de los vástagos jóvenes de la planta Catha edulis Forssk. Nunca antes ha sido examinado por la OMS en el contexto de la fiscalización internacional.
En numerosos países de África y en la península arábiga, el té de Arabia se consume tradicionalmente masticando los tallos y las hojas tiernas. Las principales sustancias psicoactivas contenidas en las hojas del té de Arabia son la catinona y la catina. La catinona entraña un elevado riesgo de abuso y figura en la Lista I. Los informes de casos fehacientes de abuso de la catina han llevado a incluirla en la Lista III del Convenio de 1971. La emigración de consumidores de té de Arabia ha diseminado el consumo de esta planta hacia países de otras regiones del globo. El té de Arabia se consume en fiestas, donde los amigos se reúnen y conversan mientras fuman cigarrillos y beben té y refrescos. Si bien los efectos subjetivos del té de Arabia son gratificantes, su consumo produce notables efectos tóxicos, a saber, aumento de la tensión arterial, taquicardia, insomnio, anorexia, estreñimiento, una sensación de malestar general, irritabilidad, depresión reactiva, migraña y disminución de la potencia sexual en los varones. Se cree que el té de Arabia engendra dependencia. Diversos autores han descrito casos de psicosis tóxica y paranoia. Otros efectos agudos y crónicos del té de Arabia son: bajo peso al nacer en los bebés de mujeres que mastican té de Arabia, menor número y motilidad de espermatozoides, aumento del riesgo de infarto de miocardio y alteraciones hepáticas. Además de los problemas de salud señalados, el consumo regular de té de Arabia trae aparejada una diversidad de problemas sociales y económicos que afectan a los consumidores y a sus familias. Varios países de África, Asia, Europa y Norte América ya han puesto al té de Arabia bajo control nacional.
Recomendación
El Comité estimó que la información sobre el té de Arabia era suficiente para justificar un examen crítico.