A veces el organismo se ha acostumbrado a la presencia de un determinado fármaco y los sistemas fisiológicos están ajustados a su presencia. Para prevenir los síntomas de rebote no se debe interrumpir bruscamente el tratamiento, sino que se debe disminuir de manera progresiva para permitir que el organismo se reajuste. Para ello hay que ir disminuyendo la dosis poco a poco cada vez que se alcanza un nuevo estado de equilibrio. En el cuadro 8 del Capítulo 11 se indican los fármacos más importantes con los que la dosis debe ser reducida lentamente.