La prescripción suele presentarse como algo que se debe realizar racionalmente conforme a las siguientes etapas:
(1) el diagnóstico más preciso posible;
(2) la identificación de todas las soluciones posibles;
(3) la elección de la mejor solución: la prescripción;
(4) la ejecución de dicha decisión.
Todas las investigaciones relativas a las decisiones en la vida real, por ejemplo en las empresas y las organizaciones, indican que los procesos reales de decisión se alejan relativamente de ese modelo ideal. Las razones se pueden resumir mediante la observación de que las decisiones se toman casi siempre en una situación en que la información es incompleta. Las incertidumbres que afectan a la prescripción son, por ejemplo:
- el diagnóstico es incierto: probabilidad de diferentes diagnósticos o de diagnóstico verdadero desconocido;
- la urgencia implica que se comience un tratamiento rápidamente antes de que se establezca el diagnóstico exacto;
- el ensayo de un tratamiento ayuda a precisar y hacer menos aleatorio el diagnóstico al permitir la eliminación de las hipótesis;
- el recetador no conoce todos los tratamientos posibles o no los conoce en forma exacta;
- el recetador no puede encontrar la mejor prescripción, entre las que conoce, para lograr los distintos objetivos del tratamiento;
- el recetador no sabe cuál va a ser el comportamiento del paciente ante el tratamiento prescrito.
H. Simon22 ha interpretado esas limitaciones a la decisión racional de la siguiente forma: las decisiones se basan más en una racionalidad de procedimiento de búsqueda de una solución satisfatoria que en una racionalidad sustancial de búsqueda de lo óptimo. Según la racionalidad de procedimiento, los procesos de decisión son procesos relativamente empíricos que recurren a la experiencia y a los conocimientos. La decisión se toma a través del método de tanteo, de ensayo y error, y recurre a la rutina.
22 Simon, H.A. From substantive to procedural rationality. In Latsis, Ed., Method and appraisal in economics, Cambridge University Press, 1978.
Sin embargo, los objetivos buscados no siempre se logran: el análisis a posteriori indica que las prescripciones con frecuencia se alejan de los conocimientos científicos, incluso si se tienen en cuenta las condiciones particulares. El problema que hay que resolver no consiste en cambiar completamente la índole empírica del proceso, sino de modificarlo, de proporcionarle los recursos necesarios adaptados a su índole.