Los programas de formación, tanto básica como permanente, son la respuesta habitual a los problemas de capacidad. Pero es poco probable que una capacidad insuficiente pueda aumentarse únicamente mediante esos métodos y sin recurrir a fórmulas más innovadoras, como por ejemplo las siguientes:
• Muchos de los nuevos conocimientos requeridos, tales como aptitudes negociadoras, sólo pueden adquirirse a través de la experiencia. Las organizaciones y los individuos que ponen en práctica esos conocimientos, como por ejemplo las oficinas de adquisición de medicamentos que negocian el suministro directo o los sistemas de vendedor principal, han de tener oportunidad de analizar y evaluar sus experiencias. Las organizaciones internacionales pueden facilitar esa actividad.
• La capacidad puede acrecentarse si se aumenta la colaboración entre los sectores público y privado, por ejemplo, mediante el intercambio de personal entre empresas privadas y organismos de reglamentación y la utilización de bases de datos del sector privado para facilitar las actividades de reglamentación. Sin embargo, es necesario que tales intercambios se basen en directrices y estructuras bien definidas para evitar el conflicto de intereses.
• Muchos aspectos de la reglamentación farmacéutica conllevan elevados costos fijos, que siempre resultarán difíciles de sufragar a los pequeños países. La colaboración internacional puede ser un medio para reducir la carga que suponen las actividades de reglamentación para los distintos países. Esa colaboración puede adoptar la forma de organismos regionales de inspección farmacéutica o acuerdos de reconocimiento mutuo entre tales organismos.
• Es necesario reforzar y aumentar los conocimientos jurídicos, económicos, de planificación y de gestión en los ministerios de salud para gestionar las nuevas funciones públicas y privadas. Los programas de formación tradicionales pueden resultar útiles en ese terreno.