En la mayoría de los casos, los medicamentos que han sido descubierto falsificados no son equivalentes en calidad, inocuidad y eficacia a sus contrapartes genuinas. Incluso si la calidad es la correcta o contienen la cantidad apropiada de sustancia activa, su producción y distribución no se encuentran dentro de la competencia de la autoridad reguladora de medicamentos del país pertinente. Esto significa que no se reconocerán fácilmente o se vigilarán los defectos y las reacciones adversas concomitantes y, si fuera necesario, no sería posible el retiro eficaz de un lote del producto del mercado.
Hasta el presente los medicamentos que han sido descubiertos ser falsificados rara vez han sido eficaces. En muchos casos, han sido definitivamente peligrosos y perjudiciales para la salud pública en cuanto al sufrimiento humano y a la carga para los servicios de salud. Los pacientes pueden no responder tan rápidamente como deberían y, en algunos casos, quizá no respondan en absoluto. El tratamiento con medicamentos falsificados ineficaces como antibióticos o vacunas puede tener un efecto nocivo para un sector amplio de la población. En casos extremos, los medicamentos falsificados pueden causar grave daño a la salud o exacerbar las condiciones en tratamiento debido a los ingredientes nocivos que tal vez contengan. Por ejemplo, la incorporación de dietilén glicol en las preparaciones farmacéuticas, fraudulentamente o por error, ha causado la muerte de más de 500 personas, principalmente niños. Cuando se lo ingiere, el dietilén glicol puede afectar el sistema nervioso central, el hígado y los riñones y ocasionar la muerte por insuficiencia renal. En otro caso, se alega que se robaron comprimidos de placebo que no contenían ningún ingrediente activo y que se comercializaron como píldoras anticonceptivas, lo cual produjo, según se aduce, embarazos inesperados.
Como consecuencia de tales efectos perjudiciales, los medicamentos falsificados pueden minar la confianza pública en los sistemas de atención de la salud, los profesionales de asistencia sanitaria, los proveedores y los vendedores de medicamentos genuinos, la industria farmacéutica y las autoridades reguladoras de medicamentos nacionales. La rotulación incorrecta en cuanto a la fuente también puede ser perjudicial para la reputación y la solvencia del fabricante original o actual cuyo nombre se está utilizando fraudulentamente.