Muchos países europeos, particularmente del Sur de Europa, dependen del control directo sobre precios para lograr un crecimiento moderado del gasto farmacéutico. En mi opinión, ésta no es la solución adecuada. El control de precios en Francia no ha impedido la comercialización de medicamentos nuevos a precios más altos que los anteriores. En el pasado se ha incentivado a las empresas a compensar los precios bajos mediante altos volúmenes de venta y una elevada promoción. Con un nivel medio de precios que es aproximadamente la mitad del alemán, el gasto farmacéutico per cápita es casi idéntico en Francia y Alemania4. El control de precios ha debilitado la posición que mantenían las empresas francesas en los mercados extranjeros, ya que los precios de exportación están basados frecuentemente en los precios domésticos. El control de precios en muchos casos no es transparente, ya que los criterios en los que se basan las decisiones no son siempre públicos.
4 Gastos per cápita en medicamentos en Alemania en 1990: DEM 551. En Francia: FRF 1483. La tasa de cambio es de 3,3 francos por marco.
Además, el logro del mercado común europeo impedirá que se produzca en el futuro cualquier alejamiento sistemático y grande del «nivel de precios europeo». La consecuencia inmediata de un nivel de precios heterogéneo es el desarrollo de importaciones y exportaciones paralelas: los mayoristas están en una posición que les permite mediar entre los mercados de alto y bajo precio y conseguir unos beneficios extra que se le escapan al innovador.
De hecho, el control directo sobre los precios se ha quedado obsoleto: o bien continúa imponiendo precios bajos, generando efectos perversos, o bien ratifica los precios internacionales y entonces sólo cumple un papel simbólico. Este es claramente el caso de Francia, donde la diferencia de precios con los países que mantienen precios altos se va estrechando, pero las autoridades públicas permanecen conectadas al sistema por razones políticas y simbólicas. Sin embargo, el sistema tiende a acercarse a un sistema más contractual en el que los precios de los próximos medicamentos se negocian entre el gobierno y las empresas.