Hace unos cuantos años se produjo un cambio fundamental en la economía de los medicamentos: entramos en una era de terapia basada en medicamentos caros. El punto de inflexión se situó probablemente muy a principios de los años ochenta. Desde entonces, en casi todos los campos de la medicina, los medicamentos nuevos se han comercializado con grandes diferencias de precios, en comparación con los medicamentos antiguos existentes, como por ejemplo:
• en la hipertensión: los inhibidores de la ECA e inhibidores de calcio frente a los diuréticos y los betabloqueantes,
• en la hipercolesterolemia: las «estatuías» frente a los fibratos,
• en la depresión: los inhibidores de la recaptación de serotonina frente a los tricíclicos,
• en las enfermedades infecciosas: cefalosporinas, quinolonas, fluoro-quinolonas frente a las penicilinas,
• en la úlcera gástrica: inhibidores de la bomba de protones frente al anti-H2,
• en oncología: anti 5 HT3 frente a los antieméticos como la metoclo-pramida,
• en la hipertrofia prostática benigna: alfabloqueantes y la finasterida frente a los extractos de plantas.
Las variaciones de precios entre estos productos nuevos y los otros medicamentos son generalmente grandes, aunque su magnitud difiere de un país a otro en función de su reglamentación. Las diferencias suelen ser mayores en aquellos países donde los precios son fijados directamente por el gobierno. En Francia, por ejemplo, la simvastatina se lanzó a un coste medio diario de unos diez francos (1,80 dólares) frente a los menos de dos francos (0,40 dólares), para la misma cantidad, que costaba el fibrato de mayor venta. La fluoxetina resultaba casi tres veces más cara que el coste medio diario de los tricíclicos. Los Anti-HT3 son veinte veces más caros que la metoclopramida.
Pero los precios también son altos en comparación con lo que eran en los países de precio libre: en los Estados Unidos, el índice de precios de los medicamentos fue inferior a la inflación hasta finales de los años setenta, y comenzó a crecer más rápido que la inflación en los años ochenta. Los precios de los medicamentos nuevos pueden llegar a alcanzar magnitudes que eran prácticamente inimaginables hace pocos años. El coste anual del tratamiento de la pentamidina para las enfermedades contagiosas asociadas al SIDA es superior a los 1.200 dólares por ano. El coste anual del tratamiento de eritropoyetina, en la fase final de la enfermedad renal, llega a situarse entre 4.000 y 8.000 dólares. El tratamiento con un factor de crecimiento humano, como la protopina, puede costar hasta 30.000 dólares por año.