Surge entonces un desafío típico del momento: ¿deben liberalizarse los instrumentos de vigilancia y control para favorecer el intercambio comercial de los medicamentos? La respuesta adecuada es aquélla que permita un intercambio comercial dinámico, sin sacrificar en lo más mínimo la responsabilidad sanitaria del Estado en la garantía de los productos a disposición de la sociedad; y todavía más, una respuesta eficiente en unas condiciones mucho más difíciles y exigentes, derivadas de un conjunto mucho más amplio de proveedores, con plantas ubicadas por fuera de las fronteras nacionales y, casi siempre, caracterizada por la aparición de múltiples productos nuevos. En estas condiciones es absolutamente claro que se requiere de un control sanitario mucho más fuerte, mucho más eficiente y mucho más ágil. Las tres cosas a la vez, aunque pudieran parecer contradictorias entre sí.
Antes que debilitar instituciones como el registro sanitario de cada país, lo que se requiere es modernizarlo, dotándolo de instrumentos técnicos y humanos del más alto nivel, para que sean capaces de procesar, bajo condiciones tan exigentes como las anotadas, toda la información recibida y evaluarla en forma ágil y adecuada. Sistematización, canales eficientes de intercambio de información, sistemas modernos de administración y gerencia y adecuados esquemas de financiación, serían algunas de las áreas cuyo desarrollo requieren las nuevas oficinas de registro y las instancias de vigilancia y control.