Lo anterior demuestra claramente que la convergencia de los sistemas europeos de precios y financiación pública para los medicamentos puede resultar una tarea difícil. Además, existen también otros factores importantes con vistas al libre movimiento de medicamentos dentro de la Unión Europea, relacionados con los sistemas de control de precios y de reembolso (MOSSIALOS et al., 1994; ROVIRA, 1994):
En primer lugar, la elasticidad de la demanda de medicamentos varía ampliamente entre países debido a los distintos estilos de ejercicio de la medicina, a las diferentes costumbres de prescripción y a los distintos modelos epidemiológicos y de consumo.
En segundo lugar, el tiempo medio para obtener la autorización de comercialización de una especialidad farmacéutica difiere entre los países de la UE.
En tercer lugar, existen amplias diferencias en los niveles de IVA y en los márgenes de mayoristas y farmacéuticos.
En cuarto lugar, las grandes variaciones en la renta per cápita entre los Estados miembros plantea otro problema. Es difícil aplicar el mismo precio a un país con una renta per cápita relativamente alta y a otro donde sea relativamente baja. Si esto se hiciera, afectaría gravemente a los fondos de seguridad social de los países del sur de Europa.
En quinto lugar, también se argumenta que no existirá una verdadera armonización en la Industria farmacéutica hasta que no se logre la integración monetaria y una moneda única. Es éste un objetivo que, debido a las recientes conmociones en los mercados financieros, todavía está lejos de ser alcanzado. Además, la Unión Europea propone confiar el control de la inflación a una autoridad monetaria central y el control de los presupuestos a las autoridades fiscales de cada Estado miembro. Cualquier estrategia que implicara una orientación de la política monetaria hacia el control de la inflación, sin tener en cuenta su efecto sobre la balanza de pagos, y de la política fiscal hacia el control de los presupuestos, sin tener en cuenta su efecto sobre la inflación, se podría convertir en una receta que produciría inestabilidad económica y monetaria.
Una opción de política farmacéutica para el futuro de Europa podría ser un sistema de control de beneficios a nivel europeo. Sin embargo, existen varios problemas que podrían conducir a una regulación ineficaz: el nivel de incertidumbre del regulador sobre la estructura de costes de fabricación y las condiciones del mercado. Las empresas sujetas a beneficios sobre el capital limitados, podrían optar por una sobrecapitalización en edificios, equipos e I + D, siempre que el nivel de beneficios permitido exceda del coste real del capital para la empresa. También existe la posibilidad de contabilizar gastos adicionales excesivos si se calculan como una proporción de la función de costes. No está claro si el regulador puede conocer de forma precisa la estructura de costes y el proceso de producción. La expansión de la empresa puede que no sea siempre ventajosa en términos de bienestar, ya que puede suponer más un derroche que una inversión real en I + D y en nueva tecnología. Además tampoco proporciona un incentivo a la empresa para que minimice sus costes.
Otro problema surgiría en relación con la ubicación de las industrias farmacéuticas y en particular de sus instalaciones de producción e investigación y desarrollo. Por el momento, el mercado de medicamentos está muy fragmentado debido a las diferencias entre las normas nacionales. Si se contrasta con la situación en los países federales, los beneficios de las empresas multinacionales en los estados miembros de la UE no se asignan en base a una fórmula, sino según las prácticas internacionales establecidas. Por lo tanto, los precios de transferencia siguen siendo un poderoso instrumento para las empresas multinacionales, mediante el cual pueden lograr gran variedad de objetivos empresariales. La valoración exacta de los beneficios imponibles puede ser más fácil a nivel europeo, ya que varios sistemas contables separados dan a las empresas la oportunidad de trasladar beneficios desde áreas con tipos impositivos altos hacia áreas con tipos bajos. Sin embargo, es muy difícil inventar una fórmula para distribuir los impuestos que gravan a las empresas entre los Estados miembros.
La implantación a nivel europeo de un sistema de precios farmacéuticos análogo al británico de regulación de los beneficios (PPRS), podría conducir a una concentración de las industrias de fabricación de medicamentos en zonas estratégicas (como por ejemplo Francia y Alemania), lo que podría facilitar el comercio con otros países europeos, reducir los gastos de venta al por mayor y ahorrar gracias a las economías de escala a todos los niveles de la función de producción farmacéutica. Aunque, desde el punto de vista de los ahorros y ganancias de bienestar a nivel europeo, esto sea importante, no es muy probable que se aceptase esta estrategia ni por los Estados miembros ni por la mayoría de las industrias farmacéuticas, que prefieren mantener buenas relaciones con cada gobierno y negociar separadamente con cada uno de ellos. Además, si se llegara a adoptar, entonces las empresas tendrían que informar sobre sus resultados a una autoridad central regulatoria, lo que ciertamente suscitaría oposición por parte de la Industria farmacéutica.