Modelo OMS de información sobre prescripción de medicamentos: Medicamentos utilizados en las enfermedades parasitarias - Segunda edición
(1996; 160 páginas) [English] [French] Ver el documento en el formato PDF
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Amibiasis y giardiasis

Amibiasis

Entamoeba histolytica es un protozoo parásito que por lo general se transmite de una persona a otra por la contaminación fecal de los alimentos o de las manos, pero que también puede hacerlo por contacto sexual en el caso de los varones homosexuales. Los quistes ingeridos dejan en libertad trofozoitos que se alojan en el ciego y el colon ascendente, donde se multiplican, formando nuevos quistes que luego se eliminan con las heces. Solamente ciertas variedades son patógenas y en las zonas endémicas abundan los portadores asintomáticos. El diagnóstico plantea ciertas dificultades, especialmente en las encuestas epidemiológicas, toda vez que las técnicas microscópicas utilizadas requieren un personal muy capacitado del que rara vez se dispone en los sitios donde más frecuente es la infección. En el ámbito mundial llegan a 500 millones las personas que pueden albergar estos parásitos y cada año fallecen decenas de miles a consecuencia de colitis fulminantes o de abscesos hepáticos.

La disentería amibiana se produce cuando los parásitos invaden la pared intestinal, formándose a veces abscesos en el hígado (o, con menos frecuencia, en los pulmones o el cerebro) como consecuencia de la diseminación hematógena. También pueden producirse lesiones cutáneas. Las personas más vulnerables a la infección generalizada son las embarazadas o los individuos malnutridos o inmunodeficientes.

Si bien en todo el mundo se observan casos esporádicos de amibiasis invasiva, la enfermedad es muy frecuente en todo el sudeste asiático, en particular el subcontinente indio, así como en África sudoriental y occidental y en América Central y del Sur.

Prevención

Cuando el riesgo de reinfección es elevado, ni la quimioprofilaxis ni la quimioterapia en masa ofrecen un medio eficaz de lucha. Para prevenir la enfermedad hay que eliminar la contaminación fecal de los alimentos, las manos y el agua mediante:

• la formación del personal de atención primaria de salud en materia de transmisión e identificación de la enfermedad;

• la instrucción de las comunidades en cuestiones de higiene personal y familiar, y

• la eliminación eficaz de las aguas residuales y un abastecimiento suficiente de agua salubre.

Tratamiento

Los medicamentos disponibles pueden clasificarse a grandes rasgos en amibicidas luminales, que actúan sobre todo contra los microorganismos presentes en el contenido del colon, y amibicidas sistémicos, que actúan contra los microorganismos causantes de la invasión.

Portadores asintomáticos

En las zonas no endémicas hay que tratar a los portadores con un amibicida intraluminal que reduzca el riesgo de transmisión y proteja al paciente de la amibiasis invasiva. El producto más utilizado es el furoato de diloxanida, pero también resultan eficaces otros compuestos como la clefamida, la etofamida y el teclozán.

Cuando el riesgo de reinfección es elevado, el tratamiento no está justificado más que en el caso de las madres que preparan la comida familiar o de los individuos que, por su trabajo o su modo de vida, son particularmente propensos a infectar a los demás.

Amibiasis invasiva

A todos los pacientes con la forma invasiva hay que tratarles primero con un compuesto de actividad sistémica y luego con un amibicida luminal a fin de eliminar cualquier microorganismo que pudiera haber sobrevivido en el colon. También se han utilizado con éxito preparaciones combinadas. Como la patología y la expresión clínica de la amibiasis varían de una región a otra, lo mejor es establecer la pauta medicamentosa basándose en la experiencia local.

Desde que se dispone de metronidazol - y de otros 5-nitroimidazoles, entre ellos el ornidazol, el tinidazol y el secnidazol - se ha simplificado y resulta más seguro el tratamiento de la mayor parte de los casos (véase el cuadro de la página 8). Existen preparaciones parenterales de metronidazol, ornidazol y tinidazol para los casos en que la gravedad del enfermo impide la administración por vía oral. Los estudios preliminares hacen pensar que los compuestos más recientes pueden actuar a veces con mayor rapidez, por lo que se están realizando estudios clínicos comparativos. Hasta que se divulguen los resultados de éstos, convendrá usar la preparación más barata de que se disponga. En los casos graves de disentería amibiana, la tetraciclina (administrada como complemento de un amibicida sistémico) reduce los riesgos de sobreinfección, perforación intestinal y peritonitis.

Algunos autores sostienen que la dehidroemetina, que resulta demasiado irritante para administrarla por vía oral, sigue siendo el amibicida tisular más eficaz (seguida muy de cerca por los 5-nitroimidazoles de administración parenteral); se reserva para los pacientes gravemente enfermos, pero éstos suelen ser los más sensibles a sus efectos cardiotóxicos.

A los enfermos tratados con dehidroemetina a causa de un absceso hepático se les debe administrar también cloroquina, que además de tener actividad amibicida se concentra selectivamente en el hígado. Conviene proceder a una punción-aspiración tanto cuando el tamaño del absceso tiende a impedir la penetración eficaz de los medicamentos como cuando la intensidad del dolor hepático y del dolor a la palpación del hígado hace temer que la ruptura es inminente.

Giardiasis

Giardia intestinalis es un protozoo parásito flagelado que a menudo coexiste con E. histolytica y se transmite del mismo modo. Se encuentra en todo el mundo, sobre todo en los sitios donde el saneamiento es deficiente, siendo una causa común de diarreas agudas o persistentes entre los niños de los países en desarrollo. Las tasas de prevalencia notificadas varían entre menos del 1% y más del 50%, habiéndose estimado que en Africa, Asia y América Latina se registran más de 200 millones de casos anuales de infección. Además, han habido grandes epidemias de origen hídrico en las regiones septentrionales de la antigua URSS, así como en los Estados Unidos de América y el Canadá, donde los castores pueden servir como reservorio de la infección.

Los quistes ingeridos liberan trofozoitos que se adhieren firmemente a la mucosa del yeyuno, multiplicándose y dando lugar finalmente a otra generación de quistes que se eliminan intermitentemente con las heces. Muchos portadores son asintomáticos, pero otros adelgazan y aquejan diarrea o molestias gastrointestinales. El diagnóstico exige un examen microscópico a cargo de personal capacitado. Son frecuentes los falsos negativos a causa de la eliminación irregular de quistes por las heces. A veces es necesario un examen del aspirado yeyunal para confirmar el diagnóstico. Las infecciones intensas dan lugar a malabsorción intestinal y retraso del crecimiento. La sintomatología más grave suele observarse en los sujetos malnutridos, hipoclorhídricos o inmunodeficientes.

El tratamiento con tinidazol en dosis única o con algún otro 5-nitroimidazol resulta sumamente eficaz y, si es posible, debe facilitarse a todos los sujetos infectados. También debe tratarse a los contactos familiares e institucionales. Las grandes epidemias son difíciles de erradicar por la elevada proporción de portadores asintomáticos y porque los quistes eliminados pueden sobrevivir durante largo tiempo fuera de huésped humano.

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