Candida albicans es un hongo levaduriforme comensal habitual de la microflora cutánea, bucal y vaginal; actúa como patógeno oportunista cuando las defensas inmunitarias están disminuidas, ya sea por causas yatrógenas o patológicas. En sus formas leves, la candidosis bucal es frecuente en los lactantes y las personas con dentadura postiza; en cuanto a la vulvovaginitis candidósica, puede presentarse en mujeres sanas, especialmente en las embarazadas y en quienes están tomando antibióticos orales o anticonceptivos orales. Las lesiones cutáneas afectan preferentemente a los pacientes con diabetes u otras enfermedades debilitantes crónicas, como el hipoparatiroidismo o diversas inmuno-deficiencias congénitas. C. albicans puede producir también infecciones secundarias en algunas dermopatías primarias (p. ej.: dermatitis del pañal, intertrigo, paroniquia crónica).
Tratamiento
Las lesiones bucales localizadas suelen responder a los preparados tópicos, como el gel de miconazol o las suspensiones bucales de nistatina o anfotericina B. Los antisépticos bucales de amplio espectro, como la polividona yodada o la clorhexidina, poseen también una considerable acción anticandidósica, pero es preciso evitar su ingestión, dado que se trata de sustancias tóxicas, especialmente para los lactantes. En los pacientes con sida puede ser necesario recurrir a la administración oral de ketoconazol o fluconazol en los casos resistentes al tratamiento local; en estos pacientes, el tratamiento debe prolongarse de forma indefinida, pues en caso contrario es casi segura una pronta recidiva.
La mayor parte de los casos de candidosis vaginal responden a la administración de dos óvulos vaginales de 100 000 UI de nistatina cada noche durante 2 semanas; en algunas regiones, no obstante, es preciso recurrir a dosis diarias muy superiores, de incluso 1 000 000 UI. Es posible conseguir curaciones más rápidas con preparados imidazólicos, también más caros: una aplicación intravaginal diaria de 200 mg de miconazol en crema durante 3 días, una sola aplicación de 50 mg de clotrimazol en crema o un solo óvulo vaginal de 500 mg de clotrimazol. La irritación de la vulva puede aliviarse con aplicación local de nistatina o clotrimazol en crema. Las recidivas que se presenten poco después del tratamiento inicial deben recibir un tratamiento imidazólico más prolongado; por ejemplo, 100 mg diarios de clotrimazol durante 12 días. En la actualidad, tanto las infecciones agudas como las recidivas pueden curarse de forma rápida y fiable con una sola dosis oral de 150 mg de fluconazol o dos dosis de 200 mg de itraconazol en el mismo día, pero se trata en ambos casos de medicamentos caros. La aplicación local de cloruro de metilrosanilina también puede ser eficaz, aunque a menudo es rechazada por las pacientes debido a la coloración cutánea que provoca.
El riesgo de reinfección puede disminuirse mediante el empleo de anticonceptivos de barrera, cremas antifúngicas y medidas higiénicas. En caso de candidosis genital recidivante, las parejas sexuales deben recibir también tratamiento, puesto que los varones pueden presentar infecciones asintomáticas; además, debe comentarse con la paciente la existencia de posibles factores predisponentes, como los anticonceptivos orales o el uso de prendas aislantes o demasiado ajustadas.
El tratamiento de las candidosis secundarias exige el tratamiento simultáneo de cualquier dermopatía subyacente, como la dermatitis del pañal o el intertrigo. El tratamiento más sencillo y eficaz para la dermatitis del pañal es la retirada de las prendas oclusivas. Los casos resistentes suelen responder a la aplicación de una crema imidazólica (p. ej.: clotrimazol) dos veces al día. Este tratamiento es igualmente eficaz en el intertrigo. La candidosis cutánea de los diabéticos suele responder a dos aplicaciones diarias de pomada o crema de nistatina (100 000 UI/g) o una crema imidazólica.
La paroniquia candidósica crónica, que a la larga puede llegar a provocar distrofia ungueal, responde peor al tratamiento. Debe eliminarse cualquier posible factor etiológico subyacente, como la exposición prolongada de las manos al agua y el jabón. En ocasiones resulta eficaz la aplicación diaria de una crema de clotrimazol u otros antifúngicos imidazólicos en las cutículas durante varios meses.