En Nueva Zelandia, los medicamentos herbarios se tratan de dos maneras según la Ley de Medicinas de 1981. Por un lado, cualquier remedio herbario puede elaborarse y venderse si se solicita para la finalidad expresa de tratar a una persona particular. Este remedio no debe contener un medicamento ya clasificado o controlado y debe suministrarse bajo una designación que especifica la planta y el proceso de fabricación del mismo, sin ningún otro nombre ni recomendación escrita en cuanto a su uso. En estos casos no se requiere licencia ni evaluación.
Por otro lado, en lo que respecta a todo medicamento herbario no cubierto por las condiciones antedichas, se requiere aprobación para la comercialización. La evaluación de los medicamentos herbarios se lleva a cabo de la misma manera que en cuanto a las especialidades farmacéuticas y es realizada por la Sección de Evaluación y Utilización Terapéutica del Departamento de Salud. La solicitud incluye control de los principios activos y excipientes, método de fabricación, pruebas de control del producto finalizado, rotulación, estabilidad, etc.
La eficacia de los medicamentos herbarios no se evalúa en forma crítica. A menudo casi no hay datos clínicos sobre la eficacia, ya que la mayoría de estos remedios son prescritos para cada paciente. Las pruebas que respalden la eficacia pueden consistir en referencias en libros estándares, a menos que esta información haya sido reemplazada por datos de investigaciones más recientes. Las afirmaciones de indicación están restringidas a condiciones de autolimitación. En algunos casos en los que hay inquietud en cuanto a la inocuidad, tienen que proporcionarse datos de toxicidad; de lo contrario, la consecuencia puede ser el retiro del mercado [139].