En abril de 1995, entró en vigor una nueva Ley de Medicamentos, que se asemeja muy de cerca a los reglamentos de la UE para el sector farmacéutico. La ley no distingue entre los productos medicinales preparados de sustancias químicas y los elaborados de plantas o sustancias naturales. En virtud de la ley, las pruebas de calidad, inocuidad y eficacia se convirtieron en una condición previa esencial para el registro de medicamentos. Se esperaba que el registro de productos dudosos se publicara en 1996. Algunos productos basados en plantas están incluidos en un procedimiento simplificado y son los que constan solo de productos sin prescripción con afirmaciones restringidas, que son apropiados para la automedicación [46].