En la fase aguda de una situación de emergencia, así como en los desplazamientos de poblaciones de refugiados médicamente desatendidas, lo mejor es enviar un surtido de medicamentos y suministros médicos, normalizado y concebido específicamente con ese fin. El nuevo botiquín de urgencia,8 por ejemplo, que se está usando mucho desde 1990 y se actualizó en 1998, contiene medicamentos, artículos desechables y equipo básico suficiente para prestar asistencia médica general a una población de 10 000 personas durante tres meses. Su contenido se basa en un consenso del mismo grupo de grandes organizaciones internacionales de ayuda que habían publicado también directrices sobre donativos de medicamentos. Estos botiquines, de los que varios importantes abastecedores internacionales (p. ej., el UNICEF y la Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional) tienen una reserva permanente, pueden ponerse a disposición de los necesitados en un plazo de 48 horas, lo cual ofrece especial interés en ausencia de peticiones concretas.