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Directrices sobre donativos de medicamentos - Revisión de 1999
(1999; 25 páginas) [English] [French] View the PDF document
Table of Contents
View the documentModificaciones introducidas en la edición de 1999
View the documentI. Introducción
View the documentII. Necesidad de directrices
View the documentIII. Principios básicos
Open this folder and view contentsIV. Directrices sobre donativos de medicamentos
Open this folder and view contentsV. Otras formas de ayuda que pueden utilizar los donantes
Open this folder and view contentsVI. Cómo aplicar una política sobre donativos de medicamentos
View the documentAnexo: Ejemplos de problemas planteados por los donativos de medicamentos
View the documentNota de agradecimiento
View the documentReferencias
View the documentCubierta posteriori
 

II. Necesidad de directrices

Ante los desastres y los sufrimientos, el impulso natural de las personas es entrar en contacto con los necesitados y prestarles auxilio. Como los medicamentos son un elemento esencial para aliviar los sufrimientos, los donativos farmacéuticos apropiados pueden aportar una gran ayuda en las actividades internacionales de asistencia humanitaria.

Por desgracia, los donativos de medicamentos han resultado más problemáticos que beneficiosos en muchos casos. Un desastre de cierta magnitud no va siempre seguido de una evaluación objetiva de las necesidades médicas de emergencia sobre la base de datos epidemiológicos y de la experiencia acumulada. Con harta frecuencia se lanzan peticiones de ayuda médica masiva en respuesta a un impulso emocional y sin tener en cuenta las necesidades prioritarias. Abundan los ejemplos de donativos farmacéuticos inapropiados (véase el anexo). Los principales problemas que se plantean a este respecto pueden resumirse así:

• Los medicamentos donados no corresponden a menudo a las necesidades de la situación de emergencia ni a la morbilidad o al nivel asistencial disponible. Con frecuencia pasan inadvertidos tanto para los profesionales de la salud como para los pacientes de la zona y a veces no se ajustan a las políticas farmacéuticas locales ni a las pautas ordinarias de tratamiento, pudiendo resultar incluso peligrosos.

• Muchos medicamentos donados se reciben sin clasificar y etiquetados en un idioma que no se comprende fácilmente. Algunos se designan con nombres comerciales que no están registrados en el país receptor, sin indicación de la denominación común internacional (DCI, o el nombre genérico) en la etiqueta.

• La calidad de los medicamentos no siempre se ajusta a las normas del país donante. Así, por ejemplo, algunos de los medicamentos donados llegan al paciente cuando ya están caducos o son simplemente muestras gratuitas o productos devueltos a las farmacias por enfermos o profesionales de la salud.

• La institución donante ignora a veces los procedimientos administrativos aplicados a nivel local en materia de recepción y distribución de servicios médicos. El plan de distribución de dichas instituciones puede chocar con los deseos de las autoridades nacionales.

• El valor declarado de los medicamentos donados puede ser elevado (p. ej., valor mercantil en el país donante en vez del valor mercantil a nivel mundial). En tales casos, las tasas de importación y los gastos generales de almacenamiento y distribución pueden ser injustificadamente altos, y quizá sea necesario reducir del presupuesto oficial de gastos farmacéuticos el valor «inflado» del donativo.

• Las cantidades donadas pueden ser erróneas, y a veces hay que destruir algunas partidas. Además del despilfarro, ello crea problemas de eliminación en el establecimiento receptor.

Estos problemas responden a diversas causas básicas. Probablemente el factor más importante sea la creencia, usual pero errónea, de que en los casos de emergencia aguda más vale tener cualquier tipo de medicamentos que ninguno. Otro factor importante es la falta usual de comunicación entre donantes y receptores, que da lugar a numerosas donaciones superfluas. Se trata de una circunstancia desafortunada, ya que en las situaciones de desastre y en las zonas castigadas por la guerra los donativos de medicamentos inapropiados originan una sobrecarga de trabajo en los sectores de clasificación, almacenamiento y distribución, y pueden desbordar la capacidad de los valiosísimos recursos humanos y de los limitados medios de transporte. A menudo, los gastos totales de manipulación (derechos de aduana, almacenamiento, transporte) son superiores al valor de los medicamentos. La acumulación de medicamentos no utilizados puede estimular los hurtos y el mercado negro.

La donación de medicamentos devueltos a las farmacias para que éstas los eliminen o de muestras gratuitas facilitadas a los profesionales de la salud constituye un ejemplo de doble rasero, ya que en la mayor parte de los países los reglamentos de control de la calidad no permiten utilizarlos. Incluso haciendo caso omiso de la calidad, tales donativos socavan los esfuerzos de la administración por gestionar racionalmente las reservas farmacéuticas. Por otra parte, los prescriptores tienen que enfrentarse con numerosos productos y marcas diferentes cuyas dosificaciones varían constantemente, mientras que los pacientes sometidos a tratamientos prolongados no pueden contar con un abastecimiento regular del medicamento prescrito. Por estas razones, este tipo de donación se considera desaconsejable y de hecho se prohíbe en un número cada vez mayor de países.

A principios de los años ochenta se establecieron las primeras directrices sobre donativos farmacéuticos por iniciativa de organizaciones humanitarias internacionales tales como el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y la Comisión Médica Cristiana (CMC) del Consejo Mundial de Iglesias, actualmente denominada Acción de las Iglesias para la Salud.1 En 1990, el Programa de Acción de la OMS sobre Medicamentos Esenciales, en estrecha cooperación con las principales instituciones internacionales de socorro de emergencia, publicó una primera serie de normas de la OMS para donantes,2 que fue revisada más tarde por el Comité de Expertos de la OMS sobre Uso de Medicamentos Esenciales.3 En 1994, la oficina de la OMS en Zagreb publicó directrices específicas sobre la asistencia humanitaria a la antigua Yugoslavia.4

En vista de que existían diferentes directrices sobre donativos de medicamentos, se consideró que era necesario disponer de una normativa completa que pudieran aplicar y utilizar las principales instituciones internacionales dedicadas a actividades de socorro de emergencia. Por esta razón, el Programa de Acción de la OMS sobre Medicamentos Esenciales preparó un anteproyecto que más tarde refinó en estrecha colaboración con la División de Gestión y Políticas Farmacéuticas y con la División de Acción de Emergencia y Humanitaria, así como con las principales organizaciones internacionales de socorro y con numerosos expertos internacionales. El texto definitivo representa el consenso entre la Organización Mundial de la Salud, la Acción de las Iglesias para la Salud del Consejo Mundial de Iglesias, el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Médicos sin Fronteras, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, el OXFAM y el UNICEF. En el curso de este proceso se tuvieron en cuenta las observaciones formuladas por más de 100 expertos y organizaciones de carácter humanitario.

Los mencionados ejemplos de donación inapropiada aportan razones sobradas para establecer directrices internacionales aplicables a los donativos de medicamentos. En suma, estas directrices resultan necesarias porque:

• Los donantes tienen buenas intenciones, pero a menudo no se percatan de los posibles inconvenientes y consecuencias indeseables en el punto de recepción.

• La comunicación entre donantes y receptores no se establece en los mismos términos. Los receptores pueden necesitar ayuda para especificar el tipo de asistencia que necesitan.

• Los donativos no llegan «en vacío». Las necesidades de medicamentos pueden variar de unos países a otros y de una situación a otra. Así pues, los donativos tendrán que basarse en un sólido análisis de las necesidades y se deberán seleccionar y distribuir de acuerdo con las políticas farmacéuticas y los sistemas administrativos existentes. Los donativos de medicamentos no solicitados e innecesarios constituyen un despilfarro y no tienen razón de ser.

• Los requisitos de calidad de los medicamentos difieren de los aplicables a otros artículos donados, tales como alimentos o ropa. Los medicamentos pueden resultar peligrosos si se utilizan mal, por lo cual han de poder identificarse fácilmente mediante etiquetas y prospectos, y pueden estar pasados de fecha en cuyo caso habrá que destruirlos mediante un procedimiento profesional.

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