Globalización y acceso a los medicamentos - Serie "Economía de la salud y medicamentos", No. 07
(1999; 129 páginas) [English] [French] View the PDF document
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View the documentNota de agradecimiento
View the documentAbreviaturas y siglas
Open this folder and view contentsPrimera parte: Globalización y acceso a los medicamentos - Implicaciones del Acuerdo de la OMC sobre los ADPIC
Close this folderSegunda parte: Presentaciones ante el grupo de trabajo especial del Consejo Ejecutivo sobre la Estrategia Revisada en materia de Medicamentos reunido en Ginebra el 13 de octubre de 1998
View the document1. Discurso de la Directora General de la OMS, Dra. Gro Harlem Brundtland
View the document2. Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI)
Open this folder and view contents3. Organización Mundial del Comercio (OMC)
View the document4. South Centre
View the document5. Acción Internacional para la Salud (AIS)
View the document6. Federación Internacional de la Industria del Medicamento (FIIM)
View the document7. International Generic Pharmaceutical Alliance (IGPA)
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1. Discurso de la Directora General de la OMS, Dra. Gro Harlem Brundtland

Señor Presidente,
miembros del Consejo Ejecutivo,
Representantes de otros Estados Miembros,
invitados,
colegas,
señoras y señores:

Esta reunión es un ejemplo de un planteamiento nuevo y más abierto de los trabajos del Consejo Ejecutivo de la OMS. Les doy la bienvenida a este proceso y les invito a participar activamente y compartir su experiencia.

La 51ª Asamblea Mundial de la Salud, celebrada en mayo, fue testigo de un debate en torno a la resolución sobre la Estrategia Revisada en materia de Medicamentos. Todos recordamos el desenlace. Al cabo de muchas horas de negociaciones, la resolución fue devuelta al Consejo Ejecutivo. Esta semana ustedes se reúnen como grupo de trabajo del Consejo para reconsiderar las cuestiones debatidas.

El verdadero propósito de los trabajos de esta semana es hacer avanzar nuestro pensamiento sobre cómo asegurar un acceso justo y equitativo a los medicamentos; sobre las implicaciones para la salud de la expansión del comercio mundial, y sobre qué puede hacer la OMS para alcanzar el objetivo expresado. No es tarea de un día. Tenemos que instaurar un proceso que pueda acumular impulso para el cambio. Mi deseo es mirar adelante, de aquí a un año o dos, para poder establecer una agenda que seamos capaces de seguir juntos.

Antes de mirar adelante, aprovechemos en primer lugar esta oportunidad para reafirmar el decidido compromiso de la OMS con las políticas farmacéuticas nacionales y el concepto de los medicamentos y vacunas esenciales.

Como quizá recordarán algunos de los presentes, en 1975 la Asamblea Mundial de la Salud, ante la existencia de serios problemas de disponibilidad, costo, calidad y utilización de los medicamentos en los países en desarrollo, adoptó una resolución que por primera vez introdujo los conceptos de «políticas farmacéuticas nacionales» y «medicamentos esenciales» en el vocabulario de la salud pública internacional. En 1981 se creó el Programa de Acción sobre Medicamentos Esenciales, con el objeto de prestar apoyo directo a los países en la tarea de llevar a la práctica esos conceptos.

Al principio el concepto de política farmacéutica nacional resultaba desacostumbrado. Pocos países tenían listas de medicamentos esenciales. Los protocolos de tratamiento nacionales eran raros. No había una doctrina sistemática sobre la prescripción. Lo más preocupante era observar que menos de la mitad de la población del mundo disponía de acceso regular a los medicamentos esenciales.

Hoy casi 90 países tienen políticas farmacéuticas nacionales en vigor o en estudio. Tres de cada cuatro países, más de 140 en total, han adoptado listas nacionales de medicamentos esenciales. Esas listas nacionales son comúnmente utilizadas para la adquisición de medicamentos, la formación y la educación pública sobre medicinas. Casi un centenar de gobiernos han elaborado protocolos de tratamiento nacionales. Y el enfoque de la OMS sobre la formación de prescriptores está siendo adoptado por importantes universidades médicas de países en todos los niveles de desarrollo.

Aún más importante es que, gracias a una combinación de sistemas de salud públicos y privados, la cifra absoluta de personas que disponen de acceso a los medicamentos esenciales casi se ha duplicado en los últimos veinte años.

Estos pocos ejemplos dan idea de lo que se puede lograr cuando los países, con el apoyo de la OMS y otras organizaciones internacionales, se comprometen en un empeño compartido. Pero aún queda mucho por hacer.

Por razones de disponibilidad o de costo, las medicinas siguen siendo inasequibles para demasiadas personas, en particular los pobres y los más necesitados. Con demasiada frecuencia la prescripción de medicinas y el consumo que hacen de ellas los usuarios son ineficaces, antieconómicos o incluso perjudiciales. Los medicamentos de baja calidad constituyen un riesgo permanente para la salud.

Nuestro objetivo debe ser asegurar la equidad en el acceso a los medicamentos esenciales, la utilización racional de éstos y su calidad. Todo ello simplemente forma parte del derecho fundamental al cuidado de la salud. Conseguir esas metas sigue siendo una de las mayores prioridades de la OMS.

Seguimos preconizando las políticas farmacéuticas nacionales como parte de las políticas nacionales de salud. El proceso de la política farmacéutica nacional puede y debe implicar al sector público, las organizaciones profesionales, el sector privado, los consumidores, los expertos y otros interlocutores concernidos. Juntos podrán desarrollar una visión y un plan de acción comunes.

La OMS continuará promoviendo el concepto de medicamento esencial. Los medicamentos y vacunas esenciales salvan vidas y mejoran la salud. Al actualizar la Lista Modelo de Medicamentos Esenciales de la OMS, examinaremos atentamente las razones aducidas para la selección de los medicamentos. Debemos garantizar que la lista refleje las necesidades terapéuticas actuales y las pautas cambiantes de la resistencia a los medicamentos.

Cooperaremos con los gobiernos, otros organismos de las Naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales, el sector privado y otros interlocutores interesados para encontrar nuevas maneras de incrementar el acceso a las medicinas, mejorar su utilización y asegurar su calidad.

Estamos estructurando nuestra actividad de modo que la OMS hable con una sola voz en la esfera de los productos farmacéuticos y los medicamentos esenciales. A través del Programa de Acción sobre Medicamentos Esenciales, la OMS persevera en su compromiso de colaborar con los países en el desarrollo y la puesta en práctica de políticas y programas nacionales efectivos.

Examinemos más detenidamente la cuestión vital del acceso.

Como hemos visto, se ha conseguido mucho durante los últimos veinte años. Sin embargo, un tercio de la población mundial carece todavía de acceso garantizado a los medicamentos esenciales, y la mayoría de esas personas tienen además un acceso escaso o nulo a los servicios de atención primaria de salud. Esa situación tiene que cambiar, y debería ser un fuerte estímulo para aunar nuestros esfuerzos.

Las desigualdades son muy llamativas. En los países desarrollados puede haber un farmacéutico por cada 2000 ó 3000 personas. Un ciclo de antibióticos para curar una neumonía se puede adquirir por el equivalente del salario de dos o tres horas. Un año de tratamiento de la infección por el VIH cuesta el equivalente de cuatro a seis meses de salario. Y la mayor parte del gasto en medicamentos es reembolsado.

En los países en desarrollo puede haber sólo un farmacéutico por cada millón de personas. Un ciclo completo de antibióticos para curar una neumonía común puede costar el salario de un mes. En muchos países, un año de tratamiento para el VIH, si se comprara, consumiría el equivalente de treinta años de ingresos. Y la mayoría de las familias tienen que comprar las medicinas con dinero de su bolsillo.

¿Qué hacer ante desigualdades tan profundas? ¿Qué medidas se pueden tomar para remediar las necesidades de quienes carecen de acceso a los medicamentos esenciales?

Tenemos que trabajar con los países, especialmente con los que más lo necesitan, para poner en práctica lo que ya se sabe sobre gestión farmacéutica y sistemas de distribución y financiación.

Necesitamos reunir información que permita descubrir qué planteamientos son los más efectivos. El Programa de Acción sobre Medicamentos Esenciales está poniendo en marcha iniciativas dedicadas a las estrategias de abastecimiento de medicamentos y la reforma sanitaria, la sustitución mediante genéricos, la información sobre precios, la reglamentación efectiva en materia de medicamentos y el seguro farmacéutico.

Debemos cooperar con todos los interlocutores interesados -gobiernos, organismos de las Naciones Unidas, el sector privado, organizaciones no gubernamentales y otros- en busca de fórmulas innovadoras para reducir los precios, incrementar los recursos financieros, mejorar los sistemas de abastecimiento y asegurar que los medicamentos lleguen allí donde son necesarios. Yo les invito a que, en sus deliberaciones de hoy y a lo largo de la semana, definan otras acciones en las que la OMS pueda ayudar a solucionar el problema del acceso a los medicamentos esenciales.

Pasemos al tema del comercio y la salud.

La resolución sobre la Estrategia Revisada en materia de Medicamentos hacía referencia a muchos temas, tales como las políticas farmacéuticas nacionales, la reglamentación farmacéutica, los controles de calidad, los precios de los medicamentos, su promoción ética y la información al paciente. Pero fue la cuestión de los nuevos acuerdos comerciales y los productos farmacéuticos la que suscitó mayor atención.

¿Qué relación existe entre el comercio y la salud? ¿Tienen algo que decirse mutuamente los custodios de uno y otra? Sí tenemos, y llevamos ya bastante tiempo hablando. He aquí algunos ejemplos:

La salubridad de los alimentos ha estado en la primera línea de las interacciones de la OMS con la Organización Mundial del Comercio. Como resultado de los tempranos esfuerzos de la OMS, las normas, directrices y recomendaciones del Codex Alimentarius están específicamente estipuladas como referencia internacional para la salubridad de los alimentos en el acuerdo pertinente de la OMC.

En este año la OMC ha informado a todos los Estados Miembros de que no se ha documentado un solo brote de cólera producido por alimentos importados comercialmente. Esto parece haber contribuido a que la Unión Europea levantara su embargo sobre los productos pesqueros de diversos países en desarrollo.

Por lo que se refiere a los productos farmacéuticos -incluidos productos biológicos como las vacunas-, los acuerdos de la OMC no especifican normas internacionales. En este terreno hay que considerar a la OMS como la única organización representativa de ámbito mundial que cuenta con el mandato y los conocimientos técnicos necesarios para dictar normas en el aspecto sanitario.

Aparte de la cuestión normativa, la OMS goza del estatuto de observador oficial ante los comités de la OMC que administran el Acuerdo sobre Obstáculos Técnicos al Comercio (AOTC) y el Acuerdo sobre la Aplicación de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias. Ese estatuto hace posible que la OMS intervenga ante dichos comités para presentar puntos de vista atinentes a la salud pública, informe a los Estados Miembros de la OMC y ayude a resolver los problemas que pudieran surgir en la aplicación de los acuerdos.

Allí donde entraban en juego cuestiones de salud pública, se ha pedido a la OMS que suministrara opinión experta dentro del procedimiento de solución de diferencias de la OMC. Por su parte, la OMS ha solicitado la colaboración de la OMC en documentos de la OMS relativos a los aspectos sanitarios del comercio, y ha estado presente en misiones de formación de la OMC.

En algunos aspectos de la interacción comercio-salud, la OMS es de hecho quien lleva la batuta. Es el caso del Reglamento Sanitario Internacional, un instrumento jurídicamente vinculante administrado por la OMS, que abarca los aspectos sanitarios de la circulación de personas y mercancías. La OMS ha invitado al comité competente de la OMC a aportar sugerencias para la revisión de ese reglamento.

¿Qué podemos aprender de la experiencia de la OMS hasta ahora en el ámbito del comercio y la salud? En mi opinión, las enseñanzas son varias.

Primero, es evidente que hay cuestiones comerciales importantes que requieren una perspectiva de salud pública. La OMC no cuenta con esos conocimientos. La OMS y la OMC necesitan trabajar unidas dentro del sistema internacional. La salubridad de los alimentos, el reglamento sanitario internacional, el comercio de servicios de salud, los productos farmacéuticos y los productos biológicos son otras tantas áreas en las que la salud y el comercio se entrecruzan.

Segundo, la OMS, como fuente de conocimientos técnicos y depositaria de valores de salud pública, debe asegurar que las consideraciones sanitarias sean debidamente sopesadas siempre que el comercio y la salud se entrecrucen. Cuando los acuerdos comerciales encierran repercusiones para la salud, la OMS debe estar implicada desde el principio. Debemos analizar y observar atentamente cómo los nuevos acuerdos internacionales pueden contribuir a la salud pública.

Tercero, hemos de reconocer que en la intersección de la salud y el comercio confluye un conjunto enormemente heterogéneo de organizaciones, perspectivas y valores. Tal vez ustedes vean esa diversidad como un obstáculo. Yo la veo como una realidad ineluctable, y quizá incluso una oportunidad. Si, a través de este proceso amplio al que estoy convocando, los responsables de la salud y del comercio llegan a entenderse mejor, será un gran logro.

La OMS puede ayudar, pero también los gobiernos deben desarrollar su propia visión. Al fin y al cabo, son los mismos gobiernos los que envían sus representantes a las diferentes negociaciones. Deben ser coherentes y transmitir el mismo mensaje en las diferentes tribunas internacionales.

No podemos desgajar el mundo en pedazos, éste para la salud, éste para el comercio y éste para el medio ambiente. Ministros de salud y ministros de comercio deben reunirse y hablar. Mi mensaje a los países es que establezcan mecanismos que aseguren una mejor coordinación entre los ministerios responsables del comercio y de la salud -así como otros ministerios competentes-, velando por que las cuestiones que hacen referencia a la salud pública reciban toda la consideración debida.

Cuarto, y más importante, yo estoy convencida de que el camino de avance pasa por el diálogo abierto y el intercambio directo entre los interlocutores interesados. Ayer me reuní con el Sr. Ruggiero, Director General de la Organización Mundial del Comercio. Le he instado a que la OMC adopte una postura más activa de comprensión hacia la perspectiva sanitaria, y le he confirmado que la OMS trabajará seriamente para analizar la perspectiva comercial. Acordamos reunirnos dos veces al año para estudiar una agenda previamente elaborada de asuntos relacionados con el comercio mundial y la salud.

Necesitamos mecanismos adecuados que ayuden a los responsables del comercio a comprender las implicaciones de los acuerdos de la OMC para la salud. Del mismo modo, hay que encontrar los mecanismos que aseguren que los responsables de la salud comprendan claramente las secciones pertinentes de los acuerdos comerciales. En esto le corresponde a la OMS un papel importante.

Pasemos, pues, al desarrollo de nuevos medicamentos necesarios.

Nunca ha tenido el mundo tantas armas terapéuticas para las enfermedades que afligen a la humanidad. Al mismo tiempo, hay una necesidad vital de ciertos medicamentos y vacunas nuevos. Esto es cierto para las enfermedades emergentes, pero también por la seria amenaza que supone la resistencia creciente a medicamentos empleados contra enfermedades mortíferas tan comunes como el paludismo, la tuberculosis, la meningitis bacteriana y la neumonía.

Para desarrollar nuevos medicamentos necesitamos una industria farmacéutica innovadora, donde se incentive adecuadamente la innovación y se protejan los derechos de propiedad intelectual. La experiencia demuestra que la protección de los derechos de propiedad intelectual va de la mano con una actividad robusta de investigación y desarrollo.

El acuerdo de la OMC sobre la propiedad intelectual, o Acuerdo sobre los ADPIC, como se le conoce vulgarmente, ofrece a los Miembros de la OMC una norma mínima global para la propiedad intelectual. Los países Miembros de la OMC están buscando la mejor manera de ponerlo en práctica.

Convengamos en que los nuevos acuerdos comerciales afectan de diferente manera a unos países y otros, en parte según su nivel de desarrollo.

Desde el punto de vista de la salud pública hay unas cuantas preguntas clave: ¿aumentarán los precios de los medicamentos? ¿Se verán afectadas su producción y su disponibilidad? ¿Aumentará la I+D de medicamentos destinados a problemas prioritarios de salud pública? Permítaseme decir que la OMS va a estar alerta a esas preguntas. Yo invito a los gobiernos, la industria, las organizaciones no gubernamentales y otros interlocutores a establecer con la OMS un mecanismo adecuado para vigilar los efectos reales de los nuevos acuerdos comerciales. Trabajemos juntos en estas cuestiones.

En las muchas horas que en mayo se dedicaron a esta resolución, el grupo no fue capaz de consensuar un lenguaje común sobre los acuerdos comerciales y los productos farmacéuticos. Se invirtieron muchos esfuerzos en unas cuantas palabras clave.

Preguntémonos hoy: ¿qué queremos conseguir? ¿Cuál sería la mejor acción por parte de los Estados Miembros, en el Consejo Ejecutivo, en la Asamblea Mundial de la Salud y por parte de la Secretaría de la OMS? La Secretaría puede apoyar y ayudar, y está dispuesta a aplicarse con todas sus energías a este empeño vital. Son ustedes, los Estados Miembros, quienes deben decidir las directrices. Yo les insto a optar por un proceso amplio con perspectivas de cambio hacia el acceso equitativo a los medicamentos esenciales.

Por último, hablemos de la colaboración.

Yo he comprometido a la OMS a salir al encuentro del sector privado, las organizaciones no gubernamentales y otros participantes en la sociedad civil que tienen un interés en el desarrollo sanitario y pueden contribuir a él. Hemos de aceptar la legitimidad de todos los interesados. Cada uno tiene, a su manera, un compromiso con la salud.

El pasado viernes celebramos nuestra primera mesa redonda con organizaciones no gubernamentales activas en el campo de los productos farmacéuticos y los medicamentos esenciales. Nuestras discusiones cubrieron diversos aspectos, entre ellos el papel de las organizaciones de consumidores y de las organizaciones no gubernamentales relacionadas con la salud, el acceso a los medicamentos en los países en desarrollo y la utilización racional de los medicamentos. Me impresionaron los conocimientos, la pluralidad, la firmeza del compromiso y el talante abierto de esas organizaciones.

La próxima semana celebraré una mesa redonda semejante con altos directivos de la industria farmacéutica basada en la investigación. En ella esperamos delinear los retos planteados, para ver con más claridad qué pueden conseguir juntas la OMS y la industria. El concepto de «mesas redondas» alude a un proceso, no a una mera reunión; a estos dos debates sucederá un trabajo de seguimiento posterior. Aseguraremos que el proceso de mesas redondas incluya a todos los interlocutores clave. Estamos invitando a nuestros interlocutores a hacer más por promover la utilización racional de los medicamentos, el acceso a los medicamentos esenciales y la innovación en pos de nuevos medicamentos necesarios. Ha habido y habrá otras reuniones semejantes con interlocutores preocupados por los sustitutos de la leche materna, el abandono del tabaco, los medios de diagnóstico y otras áreas.

Salir al encuentro es un concepto amplio. Voy a pedir a las Oficinas Regionales que reúnan información sobre los factores locales que dificultan el acceso a los medicamentos en sus regiones, y los resultados de esas encuestas se compartirán con otros organismos como el Banco Mundial, el PNUD, el UNICEF y la UNCTAD, de modo que juntos podamos diseñar programas que sirvan para mejorar el acceso a los medicamentos esenciales.

También quisiera ver a la OMS colaborando con el Banco Mundial, la ONUDI y el PNUD para estimular la transferencia de tecnología y el aumento de la capacidad productiva local en aquellos países que lo necesiten.

Finalmente, quiero saludar las buenas relaciones de la OMS con el Movimiento de Países No Alineados, que agrupa a la mayor parte del mundo en desarrollo. He tomado nota del compromiso con una extensa lista de necesidades sanitarias acuciantes, entre ellas el acceso a los medicamentos esenciales, expresado en reuniones recientes de los Ministros de Salud y Jefes de Estado.

Señor Presidente, colegas, señoras y señores:

El tiempo de estas jornadas va a ser muy intenso. Para el Consejo Ejecutivo representa una nueva manera de trabajar, que quizá ustedes encuentren efectiva. Quizá sugieran otras distintas. Acaso la vean como un desafío, pero es también una oportunidad.

Les deseo el mayor éxito en sus deliberaciones.

Gracias.

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