Debe vigilarse la utilización de los antimicrobianos, tanto con respecto a la clase de antimicrobiano como al grado en que se prescriben de forma irracional, y para ello existen diversos métodos ya establecidos. Se pueden utilizar los datos acumulados sobre el consumo de antimicrobianos para identificar cuáles son los antimicrobianos más caros y más utilizados o para comparar el consumo real con el consumo previsto (a partir de los datos de morbilidad). Se puede utilizar la metodología del Sistema ATC/DDD (Sistema de Clasificación Anatómica, Terapéutica y Química con Dosis Diarias Definidas) para comparar el consumo de antimicrobianos entre instituciones, regiones y países. Se pueden usar indicadores para investigar el uso de antimicrobianos en la atención primaria de la salud, por ejemplo:
• el % de pacientes a los que se prescribieron antibióticos;
• el % de casos de pacientes con enfermedad de las vías respiratorias altas (usualmente de origen vírico) tratados con antibióticos;
• el % de casos de pacientes con diarrea (usualmente de origen vírico) tratados con antibióticos;
• el % de casos de infecciones tratadas con arreglo a las directrices clínicas.
La evaluación atenta del uso de antimicrobianos (revisión de la utilización de fármacos) permite identificar los problemas relacionados con el uso de determinados antimicrobianos o con el tratamiento de determinadas infecciones, especialmente en los hospitales.
De vez en cuando se deben investigar las razones subyacentes del uso inapropiado, como pueden ser la incertidumbre del diagnóstico, el conocimiento y la práctica del prescriptor, la disponibilidad sin restricciones de antimicrobianos, el exceso de trabajo, el fomento improcedente de los antimicrobianos, la búsqueda de lucro y el temor a las imputaciones. La comprensión de tales razones permite la elección de estrategias adecuadas, eficaces y correctivas.