Uno de los temas que preocupan es el control de la seguridad farmacéutica en países carentes de un sistema reglamentario o de vigilancia en la materia, o en zonas aisladas donde la inspección y las infraestructuras sanitarias sean deficientes o simplemente no existan. Los problemas saltan a la vista especialmente en situaciones que entrañan el uso de medicamentos en determinadas comunidades, por ejemplo el tratamiento de enfermedades tropicales (como el paludismo, la leishmaniasis o la esquistosomiasis), del VIH/SIDA o de la tuberculosis. En algunos lugares se aplican simultáneamente varias iniciativas de control de enfermedades que suponen administrar fármacos a grandes colectivos dentro de una misma población, sin conocer o tener muy en cuenta las eventuales interacciones que puedan darse entre esos diversos medicamentos. La farmacovigilancia debería ser una prioridad para todos los países que tengan en marcha un programa de salud pública de control de enfermedades.
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Recuadro 6 El paludismo: un ejemplo de farmacovigilancia en la salud pública
En vista de la creciente resistencia a los medicamentos antipalúdicos existentes, varios países han empezado a usar combinaciones de derivados de la artemisina como tratamientos de primera y segunda línea contra la enfermedad. El paso a terapias combinadas con artemisina ha resultado providencial para instaurar un sistema de farmacovigilancia en los países que hasta la fecha no disponían de mecanismo alguno para controlar la seguridad de los medicamentos. En 2003 se dispensó formación en métodos básicos de control de la seguridad farmacéutica a personas de cinco países africanos, con objeto de facilitar la implantación de un sistema común de farmacovigilancia de los nuevos tratamientos antipalúdicos. Desde entonces, dos de esos países han creado oficialmente un centro de farmacovigilancia, y los demás también están progresando en el control de dichos tratamientos.
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