Cuando trabajaba en Rwanda, Ruth Evans, periodista, escritora y colaboradora en este informe, conoció y entrevistó a dos mujeres jóvenes. Ruth ha escrito:
El genocidio de 1994 en Rwanda fue planeado deliberadamente y perpetrado sistemáticamente; su consecuencia fue el brutal asesinato en masa de más de un millón de personas. Las mujeres y niñas rwandesas no sólo presenciaron la tortura y el asesinato de sus familiares y la destrucción y el saqueo de sus casas y propiedades, sino que además fueron violadas y sometidas a una violencia sexual extrema y brutal. Chantal es una de ellas. Toda su familia fue asesinada durante el genocidio, y a ella la violaron y la infectaron con el VIH. Como única superviviente, ahora lucha para cuidar a cinco niños huérfanos, además de la criatura a la que dio a luz, engendrada como consecuencia de la violación. Diez años después, hay días en los que se encuentra demasiado enferma como para cultivar o sembrar su «shamba» (parcela), y los niños pasan hambre. Chantal sabe que en Rwanda hay un tratamiento con antirretrovirales que cuesta unos 25 dólares EE. UU. al mes, pero dice que ni siquiera puede pagar el autobús para ir al ambulatorio, mucho menos los medicamentos. «Sólo Dios puede ayudarme», dice. «El genocidio sigue siendo una realidad cotidiana para las mujeres como yo, sólo que la nuestra es una muerte lenta.»
La historia de Akimana es igual de trágica. Cuando tenía diez años, sus padres, de la etnia Hutu, fueron asesinados por oponerse al genocidio en Rwanda. Aunque a ella también la dispararon, en el hombro, y la dieron por muerta, sobrevivió. Ahora cuida de sus cuatro hermanos y hermanas huérfanos. «Uno de los mayores retos es conseguir tratamiento médico», afirma. Akimana aún sufre complicaciones médicas debidas a las heridas que sufrió. Pero su mayor preocupación es cuidar de los demás niños. «No es fácil conseguir dinero para llevarlos al ambulatorio, que está a unos 10 kilómetros. El mayor problema es la malaria. No es fácil conseguir atención médica, y los medicamentos son demasiado caros para nosotros.»
Estas historias no sólo reflejan las terribles circunstancias que algunas personas tienen que sobrellevar como resultado del conflicto civil, sino que también ponen de relieve la distancia que sigue existiendo entre el potencial que ofrecen los medicamentos esenciales para mejorar y conservar la calidad de vida y la realidad: millones de personas que los necesitan desesperadamente no tienen posibilidad alguna de acceder a ellos.
(Nota de redacción: Chantal ha dado su consentimiento para que se utilice su historia y su imagen con el fin de dar a conocer la difícil situación que padecen las mujeres que fueron violadas durante el genocidio.)

Supervivientes en el lugar de genocidio de Mwurire (Rwanda).
FOTO: Naciones Unidas/DPI