Cómo desarrollar y aplicar una política farmacéutica nacional - Segunda edición
(2002; 102 páginas) [English] [French] View the PDF document
Table of Contents
View the documentAutores
View the documentAbreviaturas y siglas
View the documentPrólogo
Open this folder and view contentsPRIMERA PARTE: Cómo establecer y aplicar una política farmacéutica nacional
Close this folderSEGUNDA PARTE: Componentes fundamentales de una política farmacéutica nacional
Open this folder and view contents4. Selección de medicamentos esenciales
Open this folder and view contents5. Asequibilidad
Open this folder and view contents6. Financiación de los medicamentos
Open this folder and view contents7. Sistemas de suministro
Open this folder and view contents8. Reglamentación farmacéutica
Close this folder9. Uso racional de los medicamentos
View the document9.1 ¿Por qué es importante promover el uso racional?
View the document9.2 Retos
View the document9.3 Planificar actividades de promoción del uso racional de los medicamentos
View the document9.4 Estrategias básicas para mejorar el uso de medicamentos
View the document9.5 Estrategias educacionales
View the document9.6 Estrategias gerenciales para promover el uso racional de los medicamentos
View the document9.7 Estrategias de reglamentación para promover el uso racional de los medicamentos
View the document9.8 Fomentar el uso racional de los medicamentos en el sector privado
Open this folder and view contents10. Investigación
Open this folder and view contents11. Desarrollo de recursos humanos
Open this folder and view contents12. Vigilancia y evaluación
View the documentReferencias
View the documentCubierta posterior
 

9.5 Estrategias educacionales

El uso racional depende de los conocimientos, las actitudes y las prácticas del personal de atención de salud y los consumidores. Para ambos grupos son esenciales las estrategias educacionales, pero con frecuencia se desatienden o son inadecuadas. En el caso del personal sanitario es frecuente que la atención se centre en la transferencia de conocimientos farmacológicos estrechos y limitados en el tiempo, y no en el desarrollo de habilidades de prescripción para toda la vida y la capacidad de valorar de forma crítica la información sobre medicamentos.

La educación de los consumidores es una esfera particularmente desatendida en todas las partes del mundo. Ello es especialmente preocupante en los países en desarrollo, donde los productos de venta con receta se pueden obtener fácilmente sin receta de numerosos proveedores, tales como farmacias, tiendas de alimentación y vendedores de los mercados, y donde la promoción de medicamentos está mal reglamentada y a menudo es inadecuada. En algunos países hasta un 80% de las medicinas son compradas directamente por los consumidores sin pasar por los cauces formales de la atención sanitaria. Por lo tanto, una estrategia educacional que se dirija exclusivamente al personal sanitario tendrá un impacto limitado sobre el uso racional de las medicinas en la población.

Un conocimiento adecuado no siempre conduce a un comportamiento apropiado. Por ejemplo, cuando existen incentivos económicos a prescribir medicamentos más caros, no bastará la educación para cambiar las pautas de prescripción. Se necesitarán otras intervenciones, tales como un cambio en la estructura de las remuneraciones. Además, si el centro de salud local no tiene medicamentos, si en él hay largas filas y su personal no está pagado, mientras que a la vuelta de la esquina se encuentra el amable vendedor del mercado, hará falta algo más que educación para cambiar el comportamiento de los consumidores. Por eso es decisivo considerar y comprender el ambiente en el que se produce el uso de los medicamentos a la hora de planificar estrategias educacionales.

Formación básica de los profesionales de la salud

Mejorar la formación básica de los profesionales de la salud es una estrategia importante para lograr el uso racional de los medicamentos. El concepto de medicamentos esenciales y su aplicación práctica deberían estar incluidos en los planes de estudios de todos los trabajadores de la salud. Es necesario hacer hincapié en las técnicas de solución de problemas, las capacidades de valoración crítica y la buena comunicación con los pacientes. La Guía de la buena prescripción de la OMS62, disponible en más de 20 lenguas, es un manual muy apreciado para estudiantes sobre los principios de la prescripción racional, que ha sido adoptado por países desarrollados y en desarrollo. Se está empleando asimismo para la capacitación de médicos en el servicio y ha sido adaptado para la formación de prescriptores paramédicos. Existe también un libro del maestro63.

Es igualmente necesario que los responsables de dispensar medicamentos (farmacéuticos, auxiliares de farmacia) aprendan el concepto de medicamentos esenciales y los principios del uso racional, y estos conceptos deben estar incluidos en sus planes de estudio. Además, estos profesionales deben estar capacitados para comunicarse de manera efectiva con los pacientes, explicar el uso adecuado de los medicamentos y responder a preguntas como parte de la asistencia farmacéutica. También se debe reconocer el papel de las enfermeras en la prescripción y la dispensación y en la comunicación con los pacientes, e incluirlas en los programas de formación.

Capacitación en el servicio del personal sanitario

La educación permanente, las visitas de inspección y las conferencias y talleres monográficos pueden ser eficaces para incrementar los conocimientos y modificar el comportamiento. La experiencia ha demostrado que su impacto en el comportamiento probablemente se maximizará si se sitúa el foco del interés en las actuaciones concretas de prescripción y dispensación, si los grupos son reducidos, si en la enseñanza participan expertos acreditados y si la formación va seguida de retroalimentación específica sobre las prácticas reales de prescripción. El contacto directo de los prescriptores y los dispensadores con educadores adiestrados es efectivo, pero requiere recursos humanos y financieros considerables.

Capacitación de los vendedores de medicamentos

En países donde hay escasez de farmacéuticos y auxiliares de farmacia capacitados, los medicamentos de venta con receta son expendidos por vendedores de carecen de calificaciones o instrucción formal. Se podría impartir una capacitación básica en el servicio a estas personas. Una instrucción práctica basada en listas de comprobación e informaciones sencillas escritas podría ayudarlas a desempeñar bien su trabajo y comunicarse de manera efectiva con los pacientes. Se han comunicado algunos resultados prometedores64.

Centros de información farmacológica

Un factor que subyace a muchos aspectos del uso irracional de medicamentos es la falta de acceso a información farmacológica independiente. La información que suministra la industria farmacéutica a través de envíos postales, visitas de representantes de productos farmacéuticos y formularios patrocinados por la industria es en muchos casos el único tipo de información farmacológica de que disponen los prescriptores. Los centros de información farmacológica son un instrumento importante para responder a la necesidad de información independiente sobre medicamentos.

Los centros de información farmacológica pueden ser creados y mantenidos por el gobierno, o estar vinculados a un hospital docente. Esta segunda opción es la mejor cuando sus funciones incluyen un servicio permanente de información toxicológica. También pueden ser gestionados de manera muy efectiva por ONG, en particular por aquellas que se dedican preferentemente a informar al consumidor. Algunos centros de información farmacológica se han puesto en marcha con una sola persona y un pequeño lote de libros básicos, expandiéndose después conforme lo permitían los recursos y las necesidades. Es frecuente que los centros fracasen si pretenden hacer demasiado en muy poco tiempo, sin una escala clara de prioridades y planes de sostenibilidad a largo plazo. Hay más información sobre los centros de información farmacológica65.

Boletines farmacológicos

Los boletines farmacológicos son un medio útil para difundir información imparcial y actualizada sobre medicamentos a los prescriptores y los consumidores. Cuando es el organismo de reglamentación el que los prepara y publica, tienden a centrarse en los medicamentos. Los boletines farmacológicos publicados por instituciones docentes u ONG tienden a orientarse más hacia las enfermedades y a ser comparativos.

Información y educación de los consumidores

La educación de los consumidores es un área importante, que a menudo se desatiende en el desarrollo y la aplicación de una política farmacéutica nacional. La mayoría de los programas de medicina tienden a hacer mayor hincapié en el suministro de medicamentos esenciales a los centros de salud y la capacitación del personal sanitario para la prescripción correcta que en la promoción del uso racional de las medicinas por los consumidores. Sin embargo, los estudios sobre el uso de medicamentos revelan que las personas utilizan comúnmente medicinas sin el asesoramiento de profesionales sanitarios, que sus pautas de utilización de medicamentos son conformadas por sus experiencias personales y que obtienen sus medicinas de distintas fuentes, incluido el sector no reglamentado. A la vista de esta situación, se debería prestar más atención a la educación de los consumidores sobre el uso apropiado de medicamentos.

Los pacientes deben recibir información acerca de los medicamentos que toman. Esto es importante para fomentar la observancia del tratamiento y extraer de él el máximo beneficio. A mayor escala, es preciso educar al público para que las personas cuenten con las aptitudes y los conocimientos necesarios para tomar decisiones informadas sobre cómo utilizar los medicamentos (y cuándo no utilizarlos) y comprender el papel de los medicamentos en la atención de salud, junto con sus beneficios y riesgos potenciales. La experiencia reciente sobre educación de los consumidores en el uso de medicamentos está reflejada en un informe de la OMS66.

Las intervenciones dirigidas a los consumidores serán más pertinentes si se centran en pautas de uso irracional de medicamentos que sean comunes y cubren problemas que los propios consumidores consideran importantes. Entre los criterios útiles para establecer una escala de prioridad de los problemas están las dimensiones del problema, la gravedad de las consecuencias para la salud, los costos y la conveniencia y viabilidad de una intervención a nivel comunitario.

Entre los principios que orienten la educación del público deberían estar los siguientes:

• la educación del público debe formar parte de las políticas farmacéuticas nacionales;

• la educación del público debe abordar cuestiones importantes sobre el uso de medicamentos acerca de las cuales los consumidores deban estar adecuadamente informados;

• la educación del público debe fomentar la adopción informada de decisiones y cubrir conceptos básicos relacionados con la acción de los medicamentos, cómo decidir cuándo está indicada la automedicación y cuándo hay que buscar consejo médico, qué afecciones no requieren medicación y cómo hay que interpretar la etiqueta del medicamento o la información para el paciente;

• la educación del público sobre medicamentos debe reconocer y tener en cuenta la diversidad cultural y la influencia de factores sociales;

• las ONG, los educadores, las asociaciones profesionales y los grupos comunitarios tienen papeles importantes que desempeñar en los programas de educación del público y deberían participar en su planificación, su desarrollo y su puesta en práctica;

• los programas de educación deben tener objetivos claros y mensurables. Se debe reconocer que modificar creencias y prácticas profundamente arraigadas exige un esfuerzo sostenido y un proceso gradual que vaya de la concienciación a la adquisición de conocimientos y finalmente a la modificación del comportamiento.


Lo ideal sería que los programas de educación fueran sostenibles a largo plazo. Las campañas cortas, sobre todo aquellas en las que se utilizan los medios de comunicación, pueden servir para sensibilizar, pero es poco probable que modifiquen los comportamientos a largo plazo o contribuyan a la habilitación y el conocimiento duraderos a nivel comunitario. Un enfoque importante y sostenible es integrar la educación sobre el uso de medicamentos en los planes escolares como parte de la educación sanitaria a edad temprana. Otro enfoque es incluir módulos en las clases de educación de adultos, por ejemplo en los cursos de alfabetización.

La automedicación inadecuada con medicamentos de venta con receta, que se practica comúnmente en los países en desarrollo, puede ser peligrosa para la salud. Acarrea además consecuencias económicas. Un ejemplo es la automedicación con antibióticos. Es preciso educar al público acerca de este problema.

Las medicinas aprobadas como inocuas para la automedicación (medicamentos de venta sin receta) se suelen emplear para la prevención o el tratamiento de trastornos o síntomas de poca importancia que no justifican una consulta médica. Los medicamentos de venta sin receta deben estar provistos de etiquetas e instrucciones exactas, legibles y de clara comprensión para el público en general. Éstos deben incluir información completa sobre el contenido del medicamento, indicaciones de uso y de suspensión del mismo, dosificaciones recomendadas, advertencias sobre el uso o almacenamiento indebido y advertencias sobre interacciones medicamentosas. Este tema está íntimamente unido a la reglamentación efectiva de los medicamentos.

to previous section
to next section
 
 
The WHO Essential Medicines and Health Products Information Portal was designed and is maintained by Human Info NGO. Last updated: December 20, 2014