EN el mercado mundial se dispone de un número creciente de productos farmacéuticos y se produce un crecimiento rápido en el consumo de medicamentos y en el gasto consiguiente. Sin embargo, muchas personas de todo el mundo no pueden obtener los medicamentos que necesitan porque no están disponibles o son demasiado caros, o porque no hay servicios apropiados ni profesionales capacitados para prescribirlos. Aunque no se dispone de datos exactos, la OMS calcula que por lo menos la tercera parte de la población mundial carece de acceso a los medicamentos esenciales; en las zonas más pobres de Asia y África, esta cifra puede llegar hasta la mitad. Millones de niños y adultos mueren cada año de enfermedades que podrían haberse evitado o tratado con medicamentos esenciales eficaces en relación con el costo y baratos.
Incluso las personas que tienen acceso a los medicamentos pueden no recibir la medicina adecuada en la dosis adecuada cuando la necesitan. Muchas personas compran, o se les prescriben y dispensan, medicamentos que no son apropiados para sus necesidades. A veces se emplean varios medicamentos cuando sería suficiente uno solo. Otras veces se emplean medicamentos que comportan riesgos innecesarios. El uso irracional de medicamentos puede prolongar innecesariamente los problemas de salud y los padecimientos físicos o incluso causarlos, y se traduce en un despilfarro de recursos limitados. En muchos países los sistemas de garantía de la calidad de los medicamentos son inadecuados porque carecen de los componentes necesarios. Dichos componentes incluyen una legislación y reglamentación farmacéutica apropiada y un organismo eficaz de reglamentación farmacéutica que disponga de los recursos y la infraestructura adecuados para hacer cumplir las leyes y reglamentos. Todos estos factores pueden tener graves consecuencias para la salud y acarrear un despilfarro de recursos.
Estos problemas han persistido a pesar de todos los esfuerzos aplicados a mejorar el acceso a los medicamentos esenciales, garantizar la calidad de los medicamentos y promover su uso racional. Las razones son complejas y van más allá de las meras limitaciones financieras. Para comprenderlas es necesario considerar las características del mercado farmacéutico y estudiar las actitudes y los comportamientos de los gobiernos, los prescriptores, los dispensadores, los consumidores y la industria farmacéutica. El desarrollo del sector sanitario, la reforma económica, las políticas de ajuste estructural, las tendencias a la liberalización y los nuevos acuerdos comerciales de alcance global son otros tantos factores que pueden incidir en la situación farmacéutica de muchos países. También pueden afectar a la meta final de lograr la equidad en materia de salud.
Los cambios en la morbilidad y en la demanda de medicamentos representan asimismo retos importantes. La aparición de enfermedades nuevas como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), el recrudecimiento de otras afecciones y el aumento de la resistencia a los medicamentos en enfermedades potencialmente mortales, como el paludismo y la tuberculosis, contribuyen a acrecentar el gasto farmacéutico y la demanda de recursos sanitarios. Los cambios en la esperanza de vida y en los estilos de vida han hecho aumentar las enfermedades crónicas y las afecciones propias de la edad avanzada, y por ende la necesidad de medicamentos para tratarlas.
Un marco común para resolver los problemas farmacéuticos
La experiencia de muchos países ha demostrado que la mejor manera de abordar esos problemas complicados e interdependientes es hacerlo dentro de un marco común, ya que los planteamientos parciales pueden dejar problemas importantes sin resolver y a menudo fracasan. Además, los distintos objetivos de las políticas son a veces contradictorios, como lo son los intereses de algunas de las partes afectadas. Sobre la base de esa experiencia, la OMS recomienda que todos los países formulen y apliquen una política farmacéutica nacional integral (PFN).
En la nueva publicación de la OMS Cómo desarrollar y aplicar una política farmacéutica nacional1 se examinan aspectos fundamentales de esas políticas. Ello abarca la selección de medicamentos esenciales, la asequibilidad, la financiación y el suministro, la reglamentación y la garantía de la calidad, el uso racional, la investigación, los recursos humanos, la vigilancia y la evaluación. Estas directrices prácticas abordan tanto problemas actuales como nuevos desafíos. Cada capítulo presenta indicaciones de utilidad y referencias a otras fuentes de información técnica más detallada.
Recurso valioso para los profesionales de la salud, los formuladores de políticas y los investigadores, esta publicación se ha concebido para conducir a los lectores a través del proceso de planificación, desarrollo, ejecución y vigilancia de un marco de política amplio basado en las necesidades, las prioridades y los recursos propios de un país. Aquí reproducimos parte del texto, que analiza el valor de una política farmacéutica nacional y establece el proceso de formulación.

¿QUÉ ES UNA POLÍTICA FARMACÉUTICA NACIONAL?
Un compromiso con un objetivo y una guía de acción
Una política farmacéutica nacional es un compromiso con un objetivo y una guía de acción. Expresa y prioriza las metas a medio y largo plazo establecidas por el gobierno para el sector farmacéutico, e identifica las estrategias principales para alcanzarlas. Suministra un marco dentro del cual se pueden coordinar las actividades del sector farmacéutico. Abarca los sectores tanto público como privado, e implica a todos los protagonistas del ámbito farmacéutico.
Una política farmacéutica nacional, presentada e impresa como declaración oficial del gobierno, es importante porque constituye un registro formal de aspiraciones, objetivos, decisiones y compromisos. Sin esa clase de documento programático formal quizá no exista un panorama general de lo que se necesita, y en consecuencia podrá ocurrir que algunas medidas gubernamentales entren en colisión con otras, por no haber sido claramente definidas y comprendidas las diferentes metas y responsabilidades.
El documento programático debe ser fruto de un proceso sistemático de consultas con todas las partes interesadas. En ese proceso hay que definir los objetivos, fijar las prioridades, establecer las estrategias y construir el compromiso. La importancia del procedimiento se examina más a fondo en relación con la formulación de la política en Australia, la República Democrática Popular Lao, Tailandia y las Filipinas (véase la página 26).
Recuadro 1
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¿Por qué es necesaria una política farmacéutica nacional?
Una política farmacéutica nacional es necesaria por muchas razones. Las más importantes son éstas:
Para presentar un registro formal de valores, aspiraciones, objetivos, decisiones y compromisos del gobierno a medio y largo plazo.
Para definir las metas y objetivos nacionales para el sector farmacéutico y fijar prioridades.
Para identificar las estrategias necesarias para cumplir esos objetivos e identificar a los distintos agentes responsables de aplicar los componentes principales de la política.
Para crear un foro de debate nacional en torno a estas cuestiones.
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Las consultas y el debate nacional previos al documento de política farmacéutica son muy importantes, ya que crean un mecanismo para aglutinar a todas las partes y lograr un sentido de propiedad colectiva de la política final. Esto es decisivo con miras al esfuerzo nacional que será necesario más tarde para aplicar la política. El proceso político es tan importante como el documento político.
Los objetivos principales de asegurar un acceso equitativo, la buena calidad y el uso racional se suelen encontrar en todas las políticas farmacéuticas nacionales, pero es obvio que no todas ellas son iguales. La definición final de los objetivos y las estrategias depende del nivel de desarrollo económico y de recursos, de factores culturales e históricos y de valores y decisiones de carácter político. Con las directrices aquí enunciadas se pretende ayudar a los países a desarrollar y aplicar un marco programático integral que sea apropiado para sus necesidades, prioridades y recursos.
Una política farmacéutica nacional es una parte esencial de la política sanitaria
Una política farmacéutica nacional no se puede desarrollar en un vacío: debe encajar en el marco de un determinado sistema de atención de salud, una política sanitaria nacional y quizá un programa de reforma del sector sanitario. Los objetivos de la política farmacéutica nacional deberían ser siempre congruentes con los objetivos sanitarios generales, y la aplicación de la política debería ayudar a lograr esos objetivos más amplios.
En cada país la política sanitaria y el nivel de provisión de servicios son determinantes importantes de la política farmacéutica y definen el abanico de elecciones y opciones. Por otra parte, también la situación farmacéutica afecta a la manera en que se ven los servicios de salud. Estos servicios pierden credibilidad si no existe un abastecimiento adecuado de medicamentos de buena calidad o si éstos son mal prescritos. De ahí que la aplicación de una política farmacéutica efectiva promueva la confianza en los servicios de salud y su utilización.
Existen también argumentos de índole económica. En muchos países una elevada proporción del gasto sanitario se dedica a los medicamentos. Por lo tanto, la financiación de la atención sanitaria está íntimamente ligada a la financiación farmacéutica. Es muy difícil poner en práctica una política sanitaria sin una política farmacéutica.
Objetivos de una política farmacéutica nacional
En el sentido más amplio, una política farmacéutica nacional debe promover la equidad y la sostenibilidad del sector farmacéutico.
Los objetivos generales de una política farmacéutica nacional son asegurar:
el acceso: |
disponibilidad equitativa y asequibilidad de los medicamentos esenciales |
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la calidad: |
calidad, inocuidad y eficacia de todas las medicinas |
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el uso racional: |
promoción del uso terapéuticamente racional y económicamente eficiente de los medicamentos por parte de los profesionales sanitarios y los consumidores. |
Las metas y objetivos más específicos de una política nacional dependerán de la situación del país, de la política sanitaria nacional y de las prioridades políticas que establezca el gobierno. Junto a las metas relacionadas con la salud puede haber metas económicas o de otra índole. Por ejemplo, un objetivo añadido puede ser incrementar la capacidad nacional de producción farmacéutica.
Es fundamental que todos los objetivos de la política farmacéutica se expliciten, de modo que se puedan especificar los papeles que corresponden a los sectores público y privado y a los distintos ministerios (salud, finanzas, comercio e industria) y organismos gubernamentales (como el organismo de reglamentación farmacéutica).
Importancia del concepto de medicamentos esenciales
El concepto de medicamentos esenciales es central para una política farmacéutica nacional porque promueve la equidad y ayuda a fijar prioridades para el sistema de atención sanitaria. Lo esencial del concepto es que el uso de un número limitado de medicamentos cuidadosamente seleccionados sobre la base de directrices clínicas acordadas conduce a un mejor suministro de medicamentos, una prescripción más racional y unos costos más bajos.
Las razones son claras. Los medicamentos esenciales, seleccionados sobre la base de directrices clínicas de inocuidad y eficiencia económica, proporcionan una mejor calidad asistencial y un mejor aprovechamiento del dinero. La adquisición de un número menor de productos en mayores cantidades se traduce en una mayor competencia de precios y en economías de escala. La garantía de la calidad, la adquisición, el almacenamiento, la distribución y la dispensación de medicamentos son más fáciles con un número reducido de medicamentos. La capacitación del personal sanitario y la información farmacéutica en general pueden ser más específicas, y los prescriptores adquieren más experiencia con un número menor de medicamentos y están en mejores condiciones para reconocer las interacciones medicamentosas y las reacciones adversas.
A finales de 1999, 156 países desarrollados y en desarrollo tenían listas nacionales o institucionales de medicamentos esenciales para distintos niveles de asistencia, en los sectores tanto privado como público; 127 de esas listas habían sido actualizadas en los cinco años anteriores, y 94 estaban divididas en niveles asistenciales. Existen pruebas sustanciales de que el empleo de listas nacionales de medicamentos esenciales ha contribuido a mejorar la calidad de la asistencia y a lograr ahorros considerables en el gasto farmacéutico.
EL PROCESO DE LA POLÍTICA FARMACÉUTICA NACIONAL
Una política farmacéutica nacional exige un proceso complejo de desarrollo, aplicación y vigilancia. En primer lugar, el proceso de desarrollo de la política conduce a la formulación de la política farmacéutica nacional. En segundo lugar, los distintos participantes aplican estrategias y actividades orientadas a lograr los objetivos de la política. Finalmente, se evalúa el efecto de estas actividades y se ajusta el programa si fuera necesario. A lo largo de todo el proceso se requiere una planificación cuidadosa y la participación de todos los implicados, y en todo momento ha de ser tenida en cuenta la dinámica política.
Una política farmacéutica sin un plan de aplicación sería letra muerta. La planificación cuidadosa de los pasos de su aplicación y de las actividades necesarias para llegar a los resultados esperados es importante a lo largo de todo el proceso.
Implicar a todos los interesados
A lo largo de todo el proceso de la política (y no sólo en la fase de desarrollo) debe haber consultas, diálogo y negociaciones con todos los grupos y partes interesadas. Esto incluye a otros ministerios (educación superior, comercio, industria) y a los médicos, los farmacéuticos y las enfermeras, las industrias farmacéuticas locales e internacionales, los vendedores de medicamentos, las instituciones académicas, las organizaciones no gubernamentales (ONG), las asociaciones profesionales y las agrupaciones de consumidores. También es importante celebrar consultas con el personal médico y administrativo provincial y de distrito, y tratar de incluir a los practicantes de la medicina tradicional y herbaria. Debe haber participación de otros organismos gubernamentales (tales como el organismo de reglamentación farmacéutica), de las compañías aseguradoras y de las agrupaciones que costeen asistencia sanitaria. Los medios de comunicación pueden aportar una contribución útil, y el apoyo de las organizaciones internacionales es importante. Se recomienda que el comité nacional para la política farmacéutica se reúna periódicamente con todas las partes interesadas para pasar revista a la aplicación de la política en un foro de la política farmacéutica nacional.
Es probable que entre los distintos sectores interesados se produzcan ciertas discrepancias. Por ejemplo, los fabricantes de medicamentos pueden sentir amenazados sus intereses comerciales, y los médicos pueden temer la pérdida de libertad clínica. A todo el que se beneficie de la situación reinante le preocupará el cambio. Es un auténtico reto poner en marcha y mantener un proceso que genere el consenso amplio que es esencial para aplicar la política. En general, se puede decir que cuanto mayor sea la necesidad de mejorar el sistema farmacéutico existente más importante será implicar a todos los interesados en la discusión de las reformas necesarias.
Dinámica política
Formular y aplicar una política farmacéutica nacional son procesos altamente políticos. Es así porque lo normal es que una política de este tipo se proponga lograr la equidad de acceso a la atención sanitaria básica, primordialmente haciendo que el sector farmacéutico sea más eficiente, económicamente efectivo y sensible a las necesidades sanitarias. Esta sensibilidad puede exigir la redistribución de bienes y de poder, alentando una competencia acrecentada entre los grupos que se ven afectados por la reforma. Dados los diversos intereses y la importancia económica de las cuestiones en juego, la oposición a la nueva política y los intentos de modificarla en el curso de su implantación son de esperar, como sucedió en Bangladesh y las Filipinas.
De ahí que sea importante identificar a los aliados políticos y conservar su apoyo a lo largo de todo el proceso. Hay que desarrollar estrategias para tratar con los adversarios y encontrar maneras de trabajar con ellos. Las decisiones y prioridades que afecten a los intereses de esas partes habrán de ser sopesadas sobre la base de las ganancias y las pérdidas esperadas. Un fuerte liderazgo político y un compromiso sostenido son vitales para formular y aplicar una política farmacéutica nacional.
Formular una política farmacéutica nacional
A finales de 1999 eran 66 los países que habían formulado o actualizado su política farmacéutica nacional en los diez años anteriores. Con mucha frecuencia fue una situación de emergencia aguda o un cambio político importante lo que abrió una ventana de oportunidad para iniciar el proceso de formulación de la política. En algunos países fue la llegada de un gobierno comprometido a la reforma; en otros fue un cambio económico o político, como la devaluación súbita del franco CFA (Communauté financière d'Afrique) o el hundimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo que hizo necesario armonizar y mejorar ciertos aspectos del sistema farmacéutico. Otros factores podrían ser un impulso político a la expansión de la industria local o la aplicación de acuerdos comerciales globales.
Paso 1: Organizar el proceso político
El ministerio de salud es la autoridad nacional más indicada para asumir el papel rector en la formulación de una política farmacéutica nacional. El primer paso será decidir cómo se organiza el proceso de desarrollo que establezca la estructura de la política, sus objetivos principales y sus componentes prioritarios.
En esta etapa es importante identificar a todas las partes interesadas que deberían implicarse, los recursos necesarios y la manera de obtener éstos. También se debe evaluar la necesidad de asistencia por parte de la OMS, donantes o países con experiencia pertinente. Esta etapa se puede llevar a cabo dentro del ministerio de salud con el apoyo de un pequeño comité de expertos escogidos.
Paso 2: Identificar los principales problemas
Para fijar objetivos realistas es necesario analizar a fondo y comprender los principales problemas del sector farmacéutico. Hay distintas maneras de llevar a cabo un análisis de situación inicial.
Un enfoque que se ha demostrado útil consiste en reunir un pequeño equipo de expertos, algunos de los cuales deben haber llevado a cabo análisis semejantes en otros países. Estos expertos no deben proceder sólo del ministerio de salud, sino también de otras disciplinas y esferas. Se les debe pedir que examinen la situación de manera sistemática, identifiquen los principales problemas, hagan recomendaciones sobre lo que es necesario y posible hacer y expongan posibles planteamientos. Deberían actuar como asesores imparciales. Una vez que hayan formulado sus recomendaciones, éstas podrán ser discutidas en uno o más talleres multidisciplinares, a fin de presentar al gobierno un informe de asesoría consolidado. Se pueden obtener ejemplos de esa clase de informes del Departamento de Medicamentos Esenciales y Política Farmacéutica de la OMS.
Paso 3: Efectuar un análisis de situación detallado
Puede ser necesario un análisis de situación más detallado del sector farmacéutico y sus componentes. En él se examinaría más a fondo el origen de los problemas con el objeto de identificar posibles soluciones, escoger las estrategias más apropiadas, fijar prioridades y establecer una línea de referencia para los sistemas futuros de vigilancia y evaluación.
Paso 4: Establecer metas y objetivos de una política farmacéutica nacional
Una vez definidos los principales problemas será posible establecer metas y señalar objetivos prioritarios. Por ejemplo, si uno de los problemas más acuciantes es la falta de acceso a medicamentos esenciales, uno de los objetivos prioritarios debería ser mejorar la selección, la asequibilidad y la distribución de los medicamentos esenciales.
La selección de estrategias apropiadas para alcanzar el objetivo es más complicada, ya que puede significar tener que escoger entre enfoques muy distintos. Un taller en el que participe un pequeño número de responsables normativos en puestos clave puede ser útil. El análisis de situación debería justificar las elecciones y servir de base para las decisiones.
Una vez que se hayan trazado los objetivos y estrategias principales, se deberán discutir con todas las partes interesadas. La celebración de consultas amplias y una consideración atenta de los intereses contrapuestos y las limitaciones estructurales son imprescindibles para fijar objetivos alcanzables y formular las estrategias apropiadas para lograrlos.
Paso 5: Redactar el borrador de la política
Una vez completado el análisis de la situación en profundidad y un esbozo de las principales metas, objetivos y enfoques, se debe redactar el borrador de la política farmacéutica nacional. En él se expondrán los objetivos generales de la política. En la mayoría de los países consistirán en garantizar que los medicamentos esenciales sean accesibles para toda la población, que los medicamentos sean inocuos, eficaces y de buena calidad y que sean usados de manera racional por los profesionales sanitarios y los consumidores. También se deberían describir los objetivos específicos, seguidos en cada caso por la estrategia que proceda adoptar. La redacción del borrador puede correr a cargo de un pequeño grupo de expertos que hayan participado en las etapas anteriores del proceso. Se pueden consultar ejemplos de documentos de políticas farmacéuticas nacionales de otros países.
Paso 6: Difundir y revisar el borrador de la política
El documento en borrador debe ser ampliamente difundido para recabar comentarios, primeramente dentro del ministerio de salud, después en otros ministerios y departamentos del gobierno, y finalmente entre instituciones y organizaciones no gubernamentales pertinentes, incluidos los sectores privado y académico. El respaldo de los sectores gubernamentales responsables de la planificación, las finanzas y la educación es importante, ya que una aplicación exitosa de muchos elementos de la política dependerá también de su apoyo. Una vez finalizada esta ronda general de consultas, se deberá revisar el borrador del documento a la luz de los comentarios recibidos y ultimarlo.
Paso 7: Asegurar la aprobación formal de la política
En algunos países el documento podrá pasar entonces al gabinete o parlamento para su aprobación. En otros seguirá siendo un documento administrativo que sirva de base para planes de aplicación y modificaciones de las leyes y reglamentos. En algunos países el documento de la política farmacéutica nacional ha adquirido rango de ley en su totalidad. Ello es una demostración poderosa de compromiso político, pero también puede ocasionar problemas, al dificultar los ajustes futuros de la política. Por consiguiente, se recomienda incorporar al ordenamiento legal sólo ciertos componentes habilitadores de la política, sin demasiados detalles operativos.
Paso 8: Poner en práctica la política farmacéutica nacional
Implantar una política farmacéutica nacional es mucho más que una tarea técnica. El éxito de la política dependerá en gran medida del nivel de comprensión de diferentes sectores de la sociedad y del apoyo que presten a sus objetivos. Conviene, pues, hacer hincapié en las implicaciones y beneficios para todas las partes interesadas.
Se deberá promover la política mediante una campaña de información clara y bien concebida. El respaldo público de expertos acreditados y líderes de la opinión puede ser muy útil. Se debe diseminar información a través de distintos cauces para llegar a distintos grupos de destinatarios. Los medios de comunicación pueden desempeñar un papel de primer orden en lo que se refiere a lograr la comprensión y el apoyo del público para la política. Algunos países han organizado campañas de lanzamiento con un alto nivel de publicidad.
Aplicar una política farmacéutica nacional
Por muy bien formulada que esté, una política no sirve de nada si no se aplica. Toda política farmacéutica necesita un plan general de aplicación o "plan maestro"; cada componente de la política requiere una estrategia detallada y planes de acción específicos (véase también el recuadro 2). En esta sección se exponen algunas observaciones generales sobre la aplicación.
Prioridades de aplicación
Las prioridades de aplicación serán distintas para cada país. Por ejemplo, allí donde la cobertura de la asistencia sanitaria sea amplia y el acceso a los medicamentos no constituya un problema, será probablemente su uso racional y su costo lo que preocupe. En esas circunstancias, la aplicación de una política farmacéutica se centrará en reglamentar el mercado y contener los costos sin perjuicio del acceso sostenible y la equidad. En los países menos desarrollados puede ocurrir que el gasto total en salud y productos farmacéuticos sea muy bajo, y que el sector privado no esté en condiciones de satisfacer las necesidades de la mayoría de la población. En esa situación el punto focal de la política se situará más bien en incrementar el acceso a los medicamentos esenciales.
Las prioridades de aplicación deben fundamentarse en la gravedad de los problemas y en las posibilidades de alcanzar los objetivos y lograr un impacto con los recursos de que se dispone.
Vigilar las políticas farmacéuticas nacionales
La vigilancia es una forma de examen continuado que proporciona una visión de la aplicación de las actividades planificadas e indica si se están cumpliendo los objetivos. Se puede efectuar utilizando una combinación de distintos métodos, pero es indispensable para:
Identificar las preguntas correctas: centrarse en aquellas preguntas cuyas respuestas sean pertinentes para las decisiones de gestión.
Limitar el acopio de datos a los que sean pertinentes y de probable utilización. Si se reúnen demasiados datos el proceso resultará costoso, y el análisis de datos será demasiado complicado y probablemente menos preciso.
Establecer un sistema de acopio de datos fiable; recordar que los datos sólo serán fiables si son también pertinentes para las personas que los recogen. Siempre que se pueda, partir de los sistemas existentes y robustecerlos; en la medida de lo posible, el acopio de datos debería integrarse en el funcionamiento habitual del sistema. Para ello se requiere adiestrar al personal y asignar recursos. Es importante que haya una rápida retroinformación de los resultados.
Aparte de ser utilizados por los administradores sanitarios de distrito o provinciales, los resultados agregados deben ser remitidos al nivel central de política y gestión, y utilizados para la adopción de decisiones de gestión a nivel central. Si los datos se emplean para preparar un informe de vigilancia, dicho informe deberá ser compartido con todos los que han contribuido a él, incluidos quienes efectuaron el acopio de datos.
Recuadro 2
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Aspectos prácticos de la aplicación de la política
Una política farmacéutica no se puede aplicar con éxito sin un compromiso firme y activo del gobierno. Algunas estrategias efectivas son:
En una etapa temprana, preparar la estructura legislativa pertinente que permita el desarrollo y la aplicación de la política farmacéutica nacional.
Aprovechar una ventana de oportunidad política, como puede ser un cambio político específico o acontecimientos en países vecinos, para impulsar el desarrollo o la aplicación de la política.
Empezar a aplicar la política en áreas concretas relativamente sencillas, para asegurar de ese modo una fuerte visibilidad y un alto nivel de éxito en los comienzos, y apoyo para la política en la decisiva fase inicial.
Adoptar un enfoque flexible; estar dispuesto a posponer una actuación si se necesita más tiempo para prepararla, explicarla y construir el oportuno consenso.
Lograr que expertos nacionales y figuras respetadas de la política manifiesten públicamente su apoyo a la política y avalen su solidez técnica. Es importante que el público confíe en la política.
Movilizar a grupos decisivos de la sociedad en apoyo de la política. Las organizaciones de consumidores, los sindicatos, las organizaciones religiosas y los medios de comunicación, por ejemplo, pueden ser importantes para construir ese apoyo.
Prever posibles variaciones en las posiciones de los oponentes, e identificar estrategias para implicarlos y conseguir su apoyo. Por ejemplo, es posible que la industria farmacéutica se oponga a las políticas de precios de los medicamentos y a la implantación de una lista de medicamentos esenciales, pero seguramente apoyará las estrategias orientadas a fortalecer la reglamentación farmacéutica y mejorar la garantía de la calidad de los medicamentos.
Crear sectores de opinión que apoyen la política tanto dentro como fuera del gobierno. Esto es crucial para el éxito y la sostenibilidad de la política a largo plazo.
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Evaluaciones periódicas de la política farmacéutica nacional
La política farmacéutica nacional debe ser evaluada periódicamente, por ejemplo cada cuatro años. Se puede invitar a consultores o profesionales independientes de otros países o de la OMS para complementar al equipo de evaluación nacional. Estas evaluaciones deberían formar parte integral del plan maestro farmacéutico, y contar desde el primer momento con la asignación de los recursos necesarios.
Un marco indispensable
En resumen, las políticas farmacéuticas nacionales son primordiales porque proporcionan equidad y carácter sostenible en el sector farmacéutico y establecen un marco para identificar las metas y los compromisos nacionales. Las directrices de la OMS aquí descritas ayudan a los países a formular y aplicar una política amplia, que sea apropiada para sus necesidades y recursos. Han resultado ya un recurso muy valioso para los profesionales de la salud, los decisores políticos y los investigadores.
(Pueden obtenerse ejemplares dirigiéndose a: Organización Mundial de la Salud, Comercialización y Difusión, 1211 Ginebra 27, Suiza. Precio: Fr.s. 26, US$23,40, y en los países en desarrollo Fr.s. 18,20. Los demandantes de países en desarrollo pueden obtener ejemplares gratuitos).
Referencia
1. OMS. Cómo desarrollar y aplicar una política farmacéutica nacional. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2001. (Español en preparación).
Brasil impulsa la información sobre genéricos
EL Ministerio de Salud del Brasil ha iniciado una campaña para difundir información sobre genéricos a enfermos, médicos, hospitales y farmacias, según señala Scrip (12 de octubre de 2001). La campaña, lanzada en octubre de 2001 para coincidir con el nuevo etiquetado de los medicamentos genéricos (todos los envases tienen una banda amarilla con una G azul), incluye anuncios en la radio y la televisión para ayudar a los consumidores a reconocer los productos genéricos. Las farmacias han recibido carteles y modelos de presentación para los medicamentos genéricos.
Se están enviando a los médicos guías de bolsillo con información sobre los genéricos, que contienen la lista de medicamentos genéricos aprobados y sus detalles técnicos. Para facilitar la prescripción, la guía contiene los genéricos en orden alfabético, clasificados por el producto de referencia y por el grupo terapéutico. También se está enviando información a los médicos que trabajan en el sistema de salud pública, que están obligados a prescribir medicamentos genéricos, mientras que los hospitales recibirán carteles y folletos básicos para los pacientes sobre los genéricos.
…y un sitio web
El Ministerio de Salud y la Asociación Médica de Brasil han establecido una base de datos sobre los medicamentos genéricos disponibles en el país, las empresas de fabricación, los productos de referencia, los grupos terapéuticos, la posología y la forma farmacéutica. La base de datos puede consultarse por el nombre genérico, el producto de referencia, la empresa o el grupo terapéutico. El sitio web se halla en: http://www.medicamentogenerico.org.br/

M. van Vilet