Boletín de medicamentos esenciales - No. 031
(2002; 72 páginas) [English] [French] View the PDF document
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Los editores actúan respecto a la comunicación de ensayos clínicos

TRECE destacadas revistas médicas han adoptado medidas para reducir los sesgos en la comunicación de las conclusiones de investigaciones clínicas. Han fortalecido la sección sobre ética de las publicaciones en los Requisitos uniformes para los manuscritos presentados a revistas biomédicas: Redacción y edición en las publicaciones biomédicas. Se trata de un documento redactado por el Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas, ampliamente utilizado por las distintas revistas como base de la política editorial. Como parte de los requisitos de la redacción, las revistas pedirán habitualmente a los autores que faciliten detalles sobre su propia función y la del patrocinador del estudio. Muchas revistas pedirán al autor responsable que firme una declaración indicando que acepta la plena responsabilidad por la realización del ensayo, el acceso a los datos y el control de la decisión de publicarlo.

Los editores han explicado la base del endurecimiento de su normativa en una declaración publicada simultáneamente en sus revistas, cuyos elementos primordiales reproducimos a continuación.

El texto completo de la declaración de los editores está disponible en el sitio web: http://www.icmje.org/sponsor.htm


«Tenemos la evidencia, Sr. González, de que el tratamiento fue un éxito, fue usted quien falló» (Reproducido con la amable autorización de J. Collier)

«Como editores de revistas médicas generales, reconocemos que la publicación de los resultados de ensayos clínicos en revistas respetadas revisadas por pares es la base final para la mayor parte de las decisiones terapéuticas. La opinión pública sobre esta evidencia publicada de eficacia e inocuidad se basa en el supuesto de que los datos de los ensayos clínicos han sido recogidos y son presentados de modo objetivo y desapasionado. Esta opinión es primordial para la práctica científica de la medicina porque configura las decisiones terapéuticas adoptadas por los médicos e impulsa la política pública y privada de atención de salud. Nos preocupa que el actual entorno intelectual en el que se conciben algunas investigaciones clínicas, se recluta a los participantes en los estudios, y se analizan y comunican (o no comunican) los datos puede amenazar esta valiosa objetividad.»

«Los ensayos clínicos son instrumentos potentes y como todos los instrumentos potentes, deben utilizarse con cuidado. Permiten a los investigadores probar hipótesis biológicas en pacientes vivos y tienen la posibilidad de modificar las normas asistenciales. El efecto económico secundario de tales cambios puede ser muy notable. Los ensayos bien ejecutados, publicados en revistas de alta calidad, pueden ser utilizados para comercializar medicamentos y dispositivos médicos, pudiendo dar lugar a una notable ganancia financiera para el patrocinador, pero los instrumentos potentes deben emplearse con cuidado. Los enfermos participan en los ensayos clínicos en gran parte por motivos altruistas, esto es, para que progrese el nivel de la asistencia. Teniendo en cuenta esa realidad, el empleo de los ensayos clínicos de modo fundamental para la comercialización es, en nuestra opinión, una burla de la investigación clínica y un mal uso de un instrumento potente».

«Hasta recientemente, los investigadores clínicos universitarios e independientes eran actores principales en el diseño de los ensayos clínicos, el reclutamiento de los pacientes y la interpretación de los datos. El centro médico universitario, sede intelectual y laboral de esos investigadores, ha constituido el núcleo de tal empresa, y muchas instituciones han elaborado complejas infraestructuras destinadas al diseño y la realización de ensayos clínicos. La empresa universitaria ha sido un elemento primordial del proceso que ha conducido a la introducción de muchos tratamientos nuevos en la práctica clínica y contribuido a la calidad, el rigor intelectual y el efecto de tales ensayos clínicos. Sin embargo, al aumentar las presiones económicas, esta característica parece ser algo del pasado.»

«Muchos ensayos clínicos se realizan para facilitar la aprobación reglamentaria de un dispositivo o medicamento más que para probar una nueva hipótesis científica concreta. A medida que los ensayos resultan más complejos y que es más difícil llegar al margen de las enfermedades no tratadas, aumenta la amplitud de los ensayos y, por consiguiente, el costo del desarrollo de nuevos medicamentos. Se calcula que el costo medio de la introducción de un nuevo medicamento en el mercado en EE.UU. es de unos $500 millones. La industria farmacéutica ha reconocido la necesidad de controlar los costos y ha descubierto que los grupos de investigación no universitarios privados, esto es, las organizaciones de investigación por contrato (OIC), pueden hacer el trabajo por menos dinero y con menos obstáculos que los investigadores universitarios. En los últimos pocos años, las OIC han recibido la parte del león de los ingresos por ensayos clínicos. Por ejemplo, en el año 2000, en EE.UU., las OIC recibieron el 60% de las subvenciones para investigación de las empresas farmacéuticas, en comparación con sólo el 40% para los responsables universitarios de ensayos.»

«A medida que las OIC y los centros médicos universitarios compiten rudamente por la oportunidad de alistar enfermos en los ensayos clínicos, los patrocinadores empresariales pueden dictar las condiciones de participación en el ensayo, condiciones que no siempre sirven los mejores intereses de los investigadores universitarios, los participantes en el estudio o el progreso de la ciencia en general. Los investigadores pueden tener escasa o nula intervención en el diseño del ensayo, ningún acceso a los datos brutos y participación limitada en la interpretación de los datos. Esas condiciones son draconianas para científicos que se respetan a sí mismos, pero muchos las han aceptado porque saben que si no lo hacen, el patrocinador hallará a alguien dispuesto a hacerlo. Desafortunadamente, incluso cuando un investigador tiene una participación notable en el diseño del ensayo y en la interpretación de los datos, los resultados del ensayo terminado pueden quedar enterrados en lugar de publicados, si son desfavorables para el patrocinador del producto. Estas cuestiones no son meramente teóricas. Existen varios ejemplos públicos recientes de tales problemas y sospechamos que muchos más no han llegado a conocerse.»

«Como editores, nos oponemos firmemente a los acuerdos contractuales que niegan a los investigadores el derecho a examinar independientemente los datos o a presentar un manuscrito para su publicación sin obtener primero el consentimiento del patrocinador. Esos acuerdos no sólo erosionan la estructura de la indagación intelectual que ha impulsado a investigaciones clínicas de muy alta calidad sino que también hacen que las revistas médicas participen en una posible presentación equívoca, ya que el manuscrito publicado tal vez no revele la amplitud con la que los autores carecían de poder para controlar la realización del estudio que lleva sus nombres. Teniendo en cuenta esta preocupación, hemos revisado y reforzado recientemente la sección sobre ética de la publicación en los Requisitos uniformes para los manuscritos presentados a revistas biomédicas: Redacción y edición en las publicaciones biomédicas.»

Davidoff F, et al. Sponsorship, authorship, and accountability. Lancet 2001; 358:854-856. Publicado simultáneamente en las siguientes revistas médicas: Annals of Internal Medicine, Journal of the American Medical Association, The New England Journal of Medicine, The New Zealand Medical Journal, Canadian Medical Association Journal, Ugeskrift for Laeger (Revista de la Asociación Médica Danesa), MEDLINE/Index Medicus, Tidsskrift for den norske laegeforening (Revista de la Asociación Médica Noruega), Nederlands Tijdschrift voor Geneeskunde (Revista Holandesa de Medicina), The Medical Journal of Australia y Western Journal of Medicine.

Más editores de revistas manifiestan su preocupación

LOS editores de 14 destacadas revistas de neurología han anunciado que los autores que presenten artículos para las mismas tendrán que declarar que tienen derecho a publicar todos los datos, cualesquiera sean las opiniones del patrocinador. Sin esa y otras garantías escritas, los artículos no serán tenidos en cuenta para la publicación.

En el Journal of Neurology, Neurosurgery, and Psychiatry (2002;72:143) los editores declaran que «no debe permitirse que los patrocinadores empresariales influyan en la publicación, o traten de evitarla, en particular cuando los datos no sirven de apoyo a su producto». Las 14 revistas de neurología, igual que otras, exigen ya a los autores que firmen una declaración de sus acuerdos financieros con las fuentes de apoyo públicas, privadas y de la industria. Pero las revistas dicen que los conflictos de intereses no financieros entre los autores y los patrocinadores empresariales son motivo de igual preocupación y requieren atención.

Libertad académica

Los editores afirman su opinión de que los manuscritos presentados a sus revistas son propiedad intelectual de los autores y no de los patrocinadores del estudio. Argumentan que «la libertad académica incluye el derecho de los autores a tener acceso a todos los datos obtenidos en su estudio, revisarlos, obtener independientemente análisis de éstos y publicar sus datos basándose en sus propias decisiones y no en las del patrocinador financiero».

Fuente: BMJ, 26 de enero de 2002.

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Last updated: May 3, 2013