En manos competentes, la acupuntura suele ser un procedimiento seguro, con escasas contraindicaciones o complicaciones. Su forma más normalmente utilizada supone la penetración de la aguja en la piel y se puede comparar con una inyección subcutánea o intramuscular. No obstante, siempre hay un posible riesgo, aunque ligero, de transmitir infecciones de un paciente a otro (por ejemplo, el VIH o la hepatitis) o de introducir microorganismos patógenos. Por consiguiente, la seguridad en la acupuntura requiere una vigilancia constante y el mantenimiento de normas rigurosas de limpieza, esterilización y técnica aséptica.
Hay además otros riesgos que no se pueden prever o prevenir, pero para los cuales debe estar preparado el acupuntor. Son los siguientes: agujas rotas, reacciones desfavorables, dolor o malestar, lesiones inadvertidas de órganos importantes y, naturalmente, ciertos riesgos asociados con las otras formas de terapia5 clasificadas en el apartado de «acupuntura».
5 El tratamiento de acupuntura no se limita a la aplicación de agujas, sino que puede incluir asi-mismo: acupresión, electroacupuntura, acupuntura por láser, moxibustión, aplicación de vento-sas, raspado y magnetoterapia.
Por último, hay riesgos debidos a una capacitación inadecuada del acupuntor. Entre ellos cabe mencionar la selección desacertada de pacientes, errores de técnica e incapacidad para reconocer contraindicaciones y complicaciones o para afrontar situaciones de urgencia cuando se presentan.