Durante la inserción de las agujas
El dolor durante la inserción se debe normalmente a una técnica torpe o a agujas romas, curvadas o gruesas. También puede producirse en pacientes muy sensibles. En la mayoría de los pacientes la penetración hábil y rápida de la aguja a través de la piel es indolora. La técnica correcta y el grado óptimo de fuerza que hay que aplicar se debe aprender mediante la práctica. Algunos dispositivos pueden facilitar una penetración suave y rápida, por ejemplo el uso de tubos guía de la aguja (que mantienen la aguja fija en el punto mientras se hace la punción) y la técnica de «golpecitos» (método de inserción de la aguja que consiste en dar golpecitos con el dedo medio o índice de una mano en la parte superior del mango mientras se sujeta éste sin apretarlo con los dedos índice y medio de la otra, con la punta apenas apoyada en el punto de acupuntura). Hay que distinguir la «sensación de acupuntura» de escozor, hormigueo y pesadez que indica la llegada del qi (deqi) en el punto, de las reacciones dolorosas.
Después de la inserción
El dolor que se produce cuando la aguja está hundida profundamente en los tejidos puede deberse al contacto con fibras nerviosas receptoras del dolor, en cuyo caso hay que alzar la aguja hasta que quede inmediatamente por debajo de la piel y luego insertarla de nuevo con cuidado en otra dirección.
El dolor que se produce al girar la aguja con una amplitud demasiado grande, o cuando se alza y se clava, se debe con frecuencia a que se entrelaza con tejido fibroso. Para aliviar el dolor, se gira suavemente la aguja hacia atrás y hacia delante hasta que se libera la fibra.
El dolor que se produce cuando la aguja está colocada se debe normalmente a que se curva cuando el paciente se mueve y se alivia al volver a la posición original.
Tras la retirada
Suele deberse a una manipulación inexperta o a una estimulación excesiva. En los casos leves, se presiona la zona afectada; en los casos graves, se puede aplicar moxibustión además de presión.