Dos experiencias recientes han demostrado la importancia de la capacidad estatal para fabricar medicamentos.
Durante la crisis financiera asiática de 1998, el Gobierno de Indonesia pudo suministrar medicamentos esenciales a hospitales, centros sanitarios y otras instalaciones sanitarias gracias a que el país contaba con una industria farmacéutica local propiedad del Estado. Las empresas extranjeras y locales privadas prácticamente interrumpieron la producción durante varias semanas porque el colapso de la moneda local y la incertidumbre respecto de los tipos de cambio les impidió importar las materias primas necesarias.
Otro ejemplo importante es el éxito de la política puesta en marcha por el Brasil para luchar contra el SIDA, que se ha basado fundamentalmente en la capacidad estatal para fabricar productos farmacéuticos. El Brasil produce la mayoría de los ARV que requiere el mercado local a precios mucho más bajos que los impuestos por los fabricantes de marcas comerciales. Además, la existencia de una capacidad local importante para fabricar medicamentos ha dotado al Brasil de un mayor poder de negociación a la hora de discutir las rebajas de precios con las compañías farmacéuticas.
La capacidad estatal para fabricar productos farmacéuticos también puede tener una importante influencia en los precios en el mercado internacional, pues la intervención de los Estados como competidores en el mercado global contribuirá a reducir los precios a nivel mundial.