Cada vez resulta más difícil asegurar una financiación estable y suficiente de la asistencia sanitaria debido a las presiones económicas, al continuo crecimiento de la población y al aumento de la carga de morbilidad.
Existen grandes diferencias entre los países con respecto al nivel de ingresos, a la población, al gasto en asistencia sanitaria y al gasto nacional en medicamentos, que va de 2 a 400 US$ anuales per cápita. En países cuyas políticas gubernamentales no están adaptadas para proteger las necesidades de los más pobres, estos pueden ver negado su acceso a los medicamentos. Aspectos fundamentales de la política en este sentido son:
• el compromiso de adoptar medidas para mejorar la eficiencia y reducir el despilfarro;
• el aumento de la provisión de fondos gubernamentales para atender a enfermedades prioritarias, así como a la población pobre y desfavorecida;
• el fomento del reembolso del gasto farmacéutico como parte de los sistemas de seguro médico públicos y privados;
• el empleo del pago por el usuario como opción temporal de financiación de los medicamentos;
• la restricción del uso de los créditos al desarrollo para los fines identificados como prioridades nacionales;
• el cumplimiento de las directrices nacionales o de la OMS para la donación de medicamentos.