Existe buena evidencia de la urgente necesidad de la educación al público en uso apropiado de medicamentos, con potenciales beneficios para el individuo, la comunidad y los “hacedores” de política.
Es quizás entendible que en los países en desarrollo, que enfrentan una serie de limitaciones y problemas prioritarios referidos a la regulación y racionalización del sector farmacéutico, la educación al público en URM puede ser percibida como de menor prioridad que algunas otras áreas de la política farmacéutica. Sin embargo, es más difícil explicar la falta de compromiso por países desarrollados con una sistemática y estructurada educación al público en URM, dado los potenciales beneficios económicos y de salud pública. Con la excepción de Australia, ningún país desarrollado o en desarrollo ha llevado a cabo un programa estructurado de educación al público, teniendo como objetivo a todos los miembros de la comunidad y desarrollado por una coalición de interesados. Esta situación prevalece a pesar del hecho que la educación al público es ahora incluida como un componente central en la mayoría de documentos de políticas farmacéuticas nacionales.
Esta falta de compromiso puede tener varias causas, tales como las dudas acerca del valor de la educación al público en si misma, el hecho que las decisiones sobre planificación de programas y prioridades en el sector gubernamental de salud son usualmente hechas por profesionales de salud quienes pueden tener arraigadas actitudes paternalistas en medicina; esto se expresa por ideas tales como “el médico es el que más sabe”; “los pacientes deben solamente cumplir”. La extensa literatura acerca de intervenciones sobre “cumplimiento” señala esto.
Esto puede estar también ligado a la creencia que la información comercial sobre medicamentos satisface plenamente las necesidades de los consumidores, aunque tal información es generalmente orientada a estimular en lugar de racionalizar el uso de medicamentos, y ya que tiene un origen comercial, falla en proveer de la información comparativa necesaria para el uso apropiado de medicinas.
Este estudio trata de aclarar algunos temas centrales relacionados a la educación al público en uso racional de medicamentos. La revisión de la literatura publicada reveló muy poca información acerca de proyectos ejecutados sobre educación al público en URM. La importante respuesta al cuestionario del estudio demostró que muchos proyectos y actividades han sido y están siendo llevados a cabo en el campo, a pesar que no son accesibles a través de los canales usuales.
El estudio tuvo éxito parcial respecto a sus objetivos. Recogió muchos datos y materiales en un campo muy poco documentado; aunque el estudio puede representar sólo una muestra pequeña del trabajo que se realiza actualmente. Recogió información útil sobre los problemas que confrontan los programas y las lecciones aprendidas en su planificación y ejecución. Y señaló algunos de los importantes vacíos en el trabajo de los programas. Sin embargo, las naturales limitaciones de la metodología del survey significó que muchas de las motivaciones subyacentes de las actividades, el cómo y el por qué, no pudieran ser plenamente identificadas y entendidas. Tampoco fue posible determinar el costo/beneficio de los diferentes abordajes.
Algunas de las intervenciones y proyectos descritos en el estudio indican que la educación al público puede contribuir a un uso más apropiado de medicamentos. Ciertamente los participantes mismos fueron muy positivos acerca del impacto de sus trabajos. Sin embargo, en todo el mundo, estas actividades sufren escasez de apoyo, de pericia y de fondos. Así, se crea un círculo vicioso en el cual muy a menudo los proyectos no son bien planificados, débilmente ejecutados y no suficiente y rigurosamente evaluados para satisfacer futuros donantes, quienes entonces brindan menos apoyo. Pero esto es solamente un lado de la moneda. Se necesita una comprensión mayor de parte de las agencias cooperantes de que el impacto de las estrategias de educación al público puede ser acumulativo y moverse en un proceso continuo de despertar de la conciencia, creación de conocimiento, empoderamiento de la comunidad y cambios de conducta. Esto puede ser difícil de evaluar en el corto plazo - particularmente usando metodologías clásicas - y se necesita ser muy cuidadosos para que no botemos “el niño con el agua del baño” en un intento de evaluar el impacto con rigor científico.