El monopolio puede ser geográfico cuando un organismo es el único que garantiza la adquisición en un espacio geográfico dado (por ejemplo un país); el monopolio puede ser sectorial cuando es el único que garantiza la adquisición de un conjunto determinado de unidades, como el sector público, las oficinas privadas, un proyecto o incluso los servicios de salud de las misiones religiosas.
Teóricamente, el monopolio respecto a un conjunto dado permite a ese conjunto las economías de escala más grandes posibles. En efecto, un organismo monopolista realiza actividades en una escala cada vez mayor que la de otras organizaciones y, cuanto más elevadas sean las cantidades tratadas, más bajos podrán ser ciertos costos unitarios. Sin embargo, el monopolio no siempre es eficiente por dos razones: los rendimientos debidos al aumento del volumen no son lineales y el monopolio trae consigo riesgos de abuso.
Monopolio y economías de escala
Los rendimientos debidos al aumento del volumen no siempre son lineales; pueden ser decrecientes al margen cuando las ganancias obtenidas son cada vez menores a medida que el volumen aumenta. Por ejemplo, se puede ganar mucho al pasar de un volumen 1 a un volumen 100 y ganar muy poco entre un volumen 100 y un volumen 500. Además, las grandes organizaciones a veces tienen costos de funcionamiento considerables generados por problemas de coordinación interna; esta coordinación suele ser menos costosa en las organizaciones más pequeñas. Cuando no hay economía de escala, al pasar por ejemplo de dos compradores a uno solo, es más conveniente una organización competidora que ayude a evitar los abusos de posición de monopolio. En efecto, cuanto menos numerosos sean los compradores, menos podrá regularlos el mercado puesto que ellos pueden dominar el mercado más fácilmente.
La cuestión del monopolio debe plantearse en forma diferente según el tamaño del país considerado, puesto que las posibilidades de economías de escala no son las mismas. Un monopolio nacional es más interesante cuanto más pequeño sea el país considerado por su consumo farmacéutico. La cuestión del monopolio de adquisición también debe examinarse respecto a la distribución. Así, para los costos de distribución que favorecen el monopolio en la zona rural, se puede tener una organización única en la zona rural y una organización competidora en las grandes metrópolis.
Monopolio y comportamientos estratégicos
Las economías de escala realizadas en una situación de monopolio no se redistribuyen en el conjunto de la sociedad cuando son confiscadas por el organismo monopolizador. Por consiguiente, hay que organizar la adquisición para que tenga la máxima eficacia social. Para evitar los abusos de monopolio, el organismo debe ser controlado.
El control pueden ejercerlo las organizaciones de tutela o los tribunales cuyo control en general tiene que ver con el respeto de los procedimientos, como las licitaciones. El control administrativo puede tener una deriva burocrática que hace que se pierdan de vista los objetivos generales en beneficio del solo control formal de los procedimientos. Estos pueden ser abandonados y volverse inoperantes.
El control de índole política se hace por ejemplo mediante el nombramiento de dirigentes. Tiene un costo aparentemente más bajo que el control administrativo puesto que su costo directo es prácticamente nulo. Si ese control es ineficaz desde el punto de vista del interés social, puede tener un costo indirecto considerable.
Una central de compra puede ser controlada por los usuarios: hospitales, servicios de salud, etc.; si ese control es real y eficaz, en principio es el mejor puesto que los usuarios están directamente interesados en el buen funcionamiento de la central.
Al contrario del monopolio, una competencia exacerbada puede tener inconvenientes considerables puesto que se corre el riesgo de que sólo afecte a los precios. Se corre el riesgo de que las exigencias de calidad y de regularidad de abastecimiento se dejen de lado y sean incontrolables debido a la multiplicidad de los organismos de adquisición. Una reglamentación que limite el número de organismos facilita más los controles. Las situaciones intermedias entre el monopolio y la competencia exacerbada (duopolio si hay dos compradores u oligopolio si hay un número reducido de compradores) permiten en general equilibrar bien las ventajas y los inconvenientes de esos dos extremos.
La centralización de la adquisición tiene ventajas considerables, generalmente dentro del marco de un monopolio. Para que esas ventajas se logren en provecho del interés general se requiere un control del monopolio conforme a una combinación de procedimientos políticos y administrativos cuyo uso depende del contexto y de la historia de cada país.