Un esquema de tratamiento medicamentoso medio contiene seis puntos de información:
(1) El nombre del problema de salud y el número o números de la CIE del diagnóstico que incluye.
(2) El nombre genérico de la forma farmacéutica y la concentración de cada medicamento que va a emplearse en el tratamiento.
(3) La dosis media.
(4) El promedio de dosis por día.
(5) El promedio de días en que van a administrarse esas dosis.
(6) La cantidad media total de cada medicamento utilizado para un tratamiento estándar; o, en el caso de afecciones crónicas, donde el tratamiento es prolongado, la cantidad total que suele administrares por prescripción. Este total se obtiene multiplicando la dosis media por el promedio de dosis por día y por la cantidad media de días en que van a administrarse las dosis.
Hay que tener presentes cinco diferentes series de criterios al elaborar o revisar esquemas de tratamientos medios:
(a) Los criterios para seleccionar medicamentos esenciales en primer lugar (Módulo 4, Cuadro 4.4) ya se han aplicado, pero de todas maneras hay que tenerlos presentes.
(b) Después deben aplicarse criterios clínicos más detallados a cada problema de salud para determinar la forma farmacéutica y la concentración común más apropiadas de los medicamentos que van a utilizarse, luego la dosis media, la cantidad de dosis por día y el número de días del tratamiento.
Si sólo se emplean estas dos series de criterios, teóricamente se obtienen esquemas ideales de tratamientos medios. Sin embargo, deben aplicarse otras tres series de criterios para lograr que los esquemas sean factibles en la práctica.
(c) El criterio siguiente se refiere a la competencia para administrar esquemas de tratamiento. Al seleccionar medicamentos para cada tipo de servicio, deben tenerse en cuenta las capacidades de diagnóstico y tratamiento (con inclusión tanto de la capacidad del personal como de la disponibilidad de servicios de diagnóstico y apoyo) requeridas para administrar cada esquema de tratamiento.
(d) Otro criterio es la posibilidad material de administrar el tratamiento medio propuesto. Una serie de inyecciones varias veces al día durante varios días puede satisfacer todos los criterios anteriores, pero difícilmente es apropiada para la asistencia ambulatoria, especialmente en zonas rurales donde los pacientes pueden tener que desplazarse distancias considerables para llegar a los servicios de salud.
(e) Por último, hay consideraciones culturales. Por ejemplo, los pesarios o los supositorios pueden ser culturalmente inaceptables, en tanto que las inyecciones suelen considerarse como el único "tratamiento fuerte" de verdad. Los tratamientos medios que contrarían preferencias culturales pueden ser mucho más eficaces incluso en relación con su costo, pero deben ser explicados y lograr que los acepten tanto quienes los prescriben como los pacientes.
Sin embargo, la elaboración de esquemas o programas bien fundados, prácticos y aceptables es únicamente el primer paso. Los esquemas sólo serán eficaces cuando quienes prescriben han aprendido a usarlos y en realidad los aplican. Debe haber constantemente vigilancia e información acerca de lo que en verdad está ocurriendo.
El otro aspecto de la elaboración o revisión de esquemas de tratamientos medios, en los cuales serán útiles algunas pautas, se refiere a la organización práctica del grupo que los elabora. Por supuesto, cada país lo hará conforme a sus propios procedimientos y estructura de servicio de salud, pero debe observarse una serie de puntos.
En primer lugar, el grupo de trabajo establecido para coordinar y apoyar el proceso de cuantificación debe incluir personal que tenga acceso a la mayoría de las técnicas, conocimientos y experiencia necesarios para elaborar o revisar esquemas de tratamientos medicamentosos medios. Por tanto, una solución conveniente sería que el grupo encargado de los esquemas de tratamientos medios fuese un subcomité del grupo de trabajo.
Las tres categorías más importantes de participantes en el comité que elabore o revise esquemas de tratamientos medios son:
(a) Personal sanitario experimentado del tipo de servicio para el cual están destinados los esquemas de tratamiento, que conozca bien las posibilidades diagnósticas y las modalidades de prescripción y que pueda aconsejar lo que es factible en la práctica.
(b) Clínicos de amplia experiencia en diferentes especialidades, que puedan asesorar sobre los tratamientos que consideren más eficaces.
(c) Farmacéuticos y administradores con capacidad para señalar necesidades técnicas, como condiciones especiales de almacenamiento, y garantizar que también se tienen en cuenta los costos, de manera que los tratamientos propuestos no sólo sean eficaces sino también que su eficacia esté en relación con el costo.
Los intercambios abiertos de opiniones entre esos tres grupos pueden además ayudar a identificar necesidades de enseñanza para mejorar las capacidades de diagnóstico y prescripción.