Antes de entrar en un análisis de las posibles consecuencias de la normalización para los países emergentes, conviene poner de forma resumida nuestra interpretación de lo que está en curso:
i) Las normas acerca de la propiedad industrial tendrán efectos de largo alcance. Son la culminación de un proceso ya con muchos años de evolución y muy bien organizado a través de asociaciones nacionales e internacionales de las empresas farmacéuticas innovadoras. Con la excepción a medias de ALIFAR en América Latina, y de grupos de fabricantes locales en algunos países emergentes, no existe contrapeso alguno por parte del sector privado en países emergentes. Aún más, estos países carecen de una visión o proyecto que pudiera unirlos, mientras las empresas farmacéuticas innovadoras sí tienen un objetivo, una estrategia que les señale el camino a seguir y los mecanismos institucionales para poner todo en práctica.
ii) El movimiento global de la aceptación de estándares, con frecuencia elaborados y monitoreados por instancias del sector privado, sometería al sector local de la Industria farmacéutica en los países emergentes a una presión permanente en el futuro para ponerse al día y mantenerse al tanto de los cambios. Esta presión será reforzada por medio de la comunicación cada vez más intensa a nivel científico y de técnicas de producción.
iii) En las dimensiones de carácter más «nacional» (prácticas de precios, genéricos etc.), será difícil para las autoridades locales mantener prácticas discriminatorias a favor de grupos locales. Esto se debe al hecho de que los procesos de normalización dentro de la rama farmacéutica van unidos a las tendencias más destacadas del nuevo entorno económico y político internacional.
iv) Aunque algunos países emergentes de dimensiones continentales (China, India, Brasil) a lo mejor logren acuerdos particulares, lo más probable es que las posibilidades de resistencia a los cambios se vean reducidas con el tiempo. El terreno será llano y más o menos parecido con independencia de donde uno esté.
v) El proceso es eminentemente político-económico. La Pharmaceutical Research Manufacturers Association (PhRMA) ha estado omnipresente y ha mantenido un mismo mensaje con un tal éxito que hasta el lenguaje adoptado refleja sus preocupaciones.
La próxima sección analiza por dónde nos lleva la normalización en el mundo de los medicamentos.