Centro de prensa

¡Malditos mosquitos! ¡Adelante a toda máquina!

Dr. Pedro Alonso
Director del Programa Mundial sobre Malaria

Comentario
15 de marzo de 2016

En la OMS esperamos que los avances tecnológicos ayuden a detener la fulgurante propagación del virus de Zika a lo largo y ancho de las Américas y, posiblemente, en gran parte del resto del mundo.

El mosquito Aedes aegypti es, sin duda, el que propaga el virus de Zika, culpable al parecer de que miles de niños hayan nacido con microcefalia en el noreste del Brasil. Es probable que muchos de estos niños necesiten atención especializada durante toda su vida.

El mes pasado la OMS declaró una emergencia sanitaria internacional debido a la preocupación por esa presunta conexión y, el 14 y el 15 de marzo, nuestro Grupo Consultivo sobre Control de Vectores celebrará una reunión extraordinaria. Este grupo de expertos externos provenientes de los más altos estamentos del ámbito académico y de la investigación examinarán los datos más recientes (algunos de ellos inéditos) y darán recomendaciones a la OMS sobre al menos tres tecnologías experimentales:

  • Una nueva herramienta de la Monash University (Australia) para infectar mosquitos con la bacteria Wolbachia, que reduce su capacidad de transmitir los virus del dengue al ser humano. Como el mosquito portador del dengue también es portador del virus de Zika, dicha herramienta puede proteger también contra este último.
  • Una empresa de biotecnología británica modifica los genes de los mosquitos macho para que su descendencia no pueda llegar a la edad adulta.
  • Otro método consiste en liberar mosquitos macho esterilizados para que los cigotos no se conviertan en larvas y, en consecuencia, no puedan llegar al estadio adulto, en el que pican. La tecnología se denomina técnica de los insectos estériles.

Si el Grupo Consultivo llega a la conclusión de que alguna de las tecnologías parece prometedora y está lista para su utilización, la OMS recomendará acelerar su utilización.

Sin embargo, no esperamos que sea una varita mágica, pues ya sabemos lo que funciona: la lucha antivectorial. En términos sencillos: matar los mosquitos o eliminar sus hábitats. Actualmente, no nos queda alternativa: no hay ninguna vacuna, ningún tratamiento, ni tampoco tenemos siquiera buenas pruebas de diagnóstico.

La OMS ha creado un grupo de lucha antivectorial integrado por expertos de toda la Organización para supervisar y apoyar la labor de los países miembros en seis regiones, en todas las cuales se halla el mosquito Aedes aegypti. Afortunadamente, sabemos cómo realizar la labor. Esta semana, la OMS publicará directrices de emergencia para la lucha antivectorial y la vigilancia entomológica, en particular la vigilancia de la resistencia a los insecticidas. Asimismo, se incluye una lista de medidas que podemos —y debemos— adoptar ahora, a saber:

Gestionar el medio ambiente

Esto se refiere a eliminar cualquier acumulación de agua estancada que pueda servir como hábitat del mosquito Aedes aegypti.

Usar larvicidas

La OMS recomienda 12 compuestos o formulaciones para controlar las larvas de mosquitos, como el piriproxifen, un regulador del crecimiento de los insectos que es similar a una hormona natural presente solo en los invertebrados. En algunos informes se ha especulado sobre la posibilidad de que el propio piriproxifen sea el causante de las malformaciones congénitas. No obstante, en un examen de estudios toxicológicos realizado por la OMS no se ha hallado nada que permita corroborar esa sospecha. Entre los métodos de control biológico figura el uso de pequeños peces ornamentales que se alimentan de larvas.

Matar los adultos

Todos hemos visto los videos: personas con mochilas conectadas a mangueras que vomitan nubes de insecticida. Este método se ha empleado contra la fiebre amarilla, el dengue, la fiebre chikungunya y, ahora, el virus de Zika. Con todo, cabe hacer una advertencia: debe aplicarse única y exclusivamente al amanecer o al anochecer y no durante el día.

Usar repelente de insectos, sobre todo en caso de embarazo

De este modo se protegerá usted mismo y a los que lo rodean rompiendo el ciclo de transmisión.

Se trata de herramientas comprobadas desde hace largo tiempo, de bajo nivel tecnológico y fáciles de conseguir, y que funcionan. Durante gran parte del siglo pasado, las utilizamos en el marco de programas de lucha antivectorial a gran escala para mantener a raya las poblaciones de mosquitos en toda América Latina.

Un ejemplo extremo y logro excepcional en el mundo de la salud pública fue la eliminación del mosquito Anopheles gambiae en una superficie de decenas de miles de kilómetros cuadrados del Brasil en los años treinta y principios de los años cuarenta. El mosquito, que se había introducido de manera accidental desde África subsahariana y que propagó el paludismo, fue eliminado a través de un programa que se basaba casi en su totalidad en la lucha antilarvaria. Después de más de 60 años, no ha vuelto a aparecer.

Lamentablemente, los recursos para esas actividades se recortaron drásticamente en los años cincuenta, cuando el DDT demostró ser sumamente eficaz para matar mosquitos de todos los tipos, por largos periodos y a un costo muy bajo. Empero, el uso indiscriminado de ese poderoso insecticida causó daños generalizados al medio ambiente y dio lugar a la resistencia a los insecticidas. En 2001, en el marco del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, más de 90 países suscribieron un tratado en virtud del cual se colocó el DDT en una lista de uso restringido y las actividades de control de los mosquitos languidecieron.

Resultado: los mosquitos Aedes aegypti se han extendido por muchos lugares de América Central y América del Sur y más allá, y han ocasionado grandes epidemias causadas por los virus portados: el dengue, la fiebre chikungunya, la fiebre amarilla y el virus de Zika.

Entretanto, el mundo de la lucha antivectorial y la entomología médica se ha contraído drásticamente. Incluso en la OMS, el número de entomólogos médicos disminuyó de 38 en 1982 a 16 en 2015. De estos últimos, solo 7, que están establecidos en la sede de la OMS, trabajan a tiempo completo en el ámbito del paludismo y las enfermedades tropicales desatendidas. Los 9 restantes, que están establecidos en las oficinas regionales y de país, se encargan también de otras enfermedades transmisibles.

Es necesario encarar esta situación con urgencia para que la OMS dirija la respuesta contra las enfermedades transmitidas por mosquitos, como la infección por el virus de Zika y el paludismo, que siguen cobrándose anualmente la vida de más de 400 000 personas.

Hoy en día nos enfrentamos a un desafío que nuestros ancestros no predijeron. El año pasado fue el año más cálido registrado a escala mundial. ¿Ha influido ello en la propagación de las enfermedades transmitidas por mosquitos? Aún no está claro, pero no puede haber sido beneficioso.

En la OMS, esperamos que nuestra rápida actuación ante los nuevos desafíos sanitarios, como el virus de Zika, pueda servir de modelo para brindar protección contra las futuras amenazas que, sin duda, surgirán a medida que aumente la temperatura del planeta.

Tenemos razones para confiar en que lo lograremos, como otros lo han logrado. Cuba es un claro ejemplo del poder de la participación comunitaria en la lucha contra los mosquitos. Al establecer un programa para eliminar de la isla las acumulaciones de agua estancada en las que el mosquito pone sus huevos, Cuba ha logrado que el dengue sea una enfermedad poco frecuente en la isla, con menos de 700 casos en 2015.